7- Microrrelato: Israel y Palestina o el niño mimado

MICRORRELATO: ISRAEL Y PALESTINA O EL NIÑO MIMADO

Érase una vez un padre llamado Estadosunidos (apodado EEUU) y una madre llamada Gran Bretaña (ídem, GB) que tuvieron mellizos: niño y niña: Israel y Palestina. Israel nació fuerte y sano, pero, por desgracia, Palestina se ahogó al nacer con el cordón umbilical lo que le produjo una hemiplejia, una discapacidad.

Esa diferencia de partida, unida al hecho de que Palestina era mujer (en un entorno en el que prevalecía el machismo) fueron dando forma, con el tiempo, a dos seres muy distintos. Israel, que era muy inteligente, se acostumbró a conseguir siempre, de modo inmediato o cuasi inmediato, lo que quería. Para Palestina, en cambio, cada logro era fruto de un esfuerzo cuasi sobrehumano.

Con los años, la valía de Israel ante los ojos de sus progenitores fue envalentonándole, al tiempo que opacaba a Palestina. EEUU y GB solo tenían ojos para él y sus grandes dotes. Así, Israel acabó convertido en un niño mimado al que todo se le permitía… y se lo permitían porque si no, agarraba tales enfados que era capaz de todo… de todo lo peor.

Al ser mellizos, Israel y Palestina compartían aula, aunque en polos opuestos: Israel el primero de la clase y Palestina la última. Otro rasgo que caracterizaba su convivencia, tanto en casa como en las aulas, era la arrogancia que Israel mostraba para con sus congéneres y especialmente para con Palestina.

Este microrrelato habría seguido así hasta el final si no hubiera sido por un hecho feliz e inesperado. Llegó al colegio una nueva profesora llamada Europa (apodada UE) y que fue destinada como tutora de la clase de Israel y Palestina. Desde el primer día, quedó impactada por la displicencia y la violencia de Israel y por el victimismo de Palestina. UE observó y reflexionó.

UE llamó a los progenitores a una reunión y les comunicó sus observaciones, pero tanto EEUU como GB estaban tan acostumbrados a la manera de actuar de Israel que no veían nada anormal en ella. Así que UE supo que no podía contar con ellos para reequilibrar la situación y optó por buscar sus propias estrategias. UE se convirtió en una asidua de la biblioteca de la universidad que había enfrente del colegio y estuvo leyendo mucho sobre psicología infantil, biología, genética, medicina, hasta ampliar sus campos de lectura a temas relacionados con derecho (y le fascinó el derecho internacional, ámbito en el que había dos pueblos, uno con y otro sin Estado, que vivían una situación muy parecida), historia, relaciones internacionales o periodismo.

De ahí extrajo una conclusión: la necesidad de establecer un sistema en que no se permitiera nunca a nadie saltarse las normas de convivencia establecidas, y nunca es nunca, y nadie es nadie. Entendió que en cuanto se permitía por sobreprotección una vez, las consecuencias eran terribles. Así que, al día siguiente, escribió en la pizarra unas “Normas de Convivencia” y fijó al lado unas “Consecuencias de su Incumplimiento”. Y procedió. Y procedió a aplicarlo día tras día, vez tras vez, de manera decidida, recta, equilibrada y ecuánime. Día tras día y vez tras vez esa ecuanimidad, armada de infinita paciencia y mucho, mucho amor, fue dando frutos y el niño mimado dejó de serlo y se convirtió en un joven maduro; y la niña víctima dejó de serlo y se convirtió en una joven empoderada.

Y colorín colorado este microrrelato se ha acabado…

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