{"id":5536,"date":"1994-12-10T20:52:43","date_gmt":"1994-12-10T19:52:43","guid":{"rendered":"https:\/\/mongonzalez.es\/?p=5536"},"modified":"2026-07-26T19:16:50","modified_gmt":"2026-07-26T17:16:50","slug":"isla-de-amor-ii-una-primera-toma-de-contacto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/mongonzalez.es\/es\/isla-de-amor-ii-una-primera-toma-de-contacto\/","title":{"rendered":"Isla de Amor"},"content":{"rendered":"<div id=\"ez-toc-container\" class=\"ez-toc-v2_0_85 ez-toc-grey ez-toc-container-direction\">\n<div class=\"ez-toc-title-container\">\n<p class=\"ez-toc-title\" style=\"cursor:inherit\">LISTADO DE LAS ETAPAS<\/p>\n<span class=\"ez-toc-title-toggle\"><a href=\"#\" class=\"ez-toc-pull-right ez-toc-btn ez-toc-btn-xs ez-toc-btn-default ez-toc-toggle\" aria-label=\"Alternar tabla de contenidos\"><span class=\"ez-toc-js-icon-con\"><span class=\"\"><span class=\"eztoc-hide\" style=\"display:none;\">Toggle<\/span><span class=\"ez-toc-icon-toggle-span\"><svg style=\"fill: #999;color:#999\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" class=\"list-377408\" width=\"20px\" height=\"20px\" viewBox=\"0 0 24 24\" fill=\"none\"><path d=\"M6 6H4v2h2V6zm14 0H8v2h12V6zM4 11h2v2H4v-2zm16 0H8v2h12v-2zM4 16h2v2H4v-2zm16 0H8v2h12v-2z\" fill=\"currentColor\"><\/path><\/svg><svg style=\"fill: #999;color:#999\" class=\"arrow-unsorted-368013\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" width=\"10px\" height=\"10px\" viewBox=\"0 0 24 24\" version=\"1.2\" baseProfile=\"tiny\"><path d=\"M18.2 9.3l-6.2-6.3-6.2 6.3c-.2.2-.3.4-.3.7s.1.5.3.7c.2.2.4.3.7.3h11c.3 0 .5-.1.7-.3.2-.2.3-.5.3-.7s-.1-.5-.3-.7zM5.8 14.7l6.2 6.3 6.2-6.3c.2-.2.3-.5.3-.7s-.1-.5-.3-.7c-.2-.2-.4-.3-.7-.3h-11c-.3 0-.5.1-.7.3-.2.2-.3.5-.3.7s.1.5.3.7z\"\/><\/svg><\/span><\/span><\/span><\/a><\/span><\/div>\n<nav><ul class='ez-toc-list ez-toc-list-level-1 ' ><li class='ez-toc-page-1 ez-toc-heading-level-1'><a class=\"ez-toc-link ez-toc-heading-1\" href=\"https:\/\/mongonzalez.es\/es\/isla-de-amor-ii-una-primera-toma-de-contacto\/#i_la_llegada_a_la_tierra_de_la_luz\" >I. La llegada a la Tierra de la Luz<\/a><\/li><li class='ez-toc-page-1 ez-toc-heading-level-1'><a class=\"ez-toc-link ez-toc-heading-2\" href=\"https:\/\/mongonzalez.es\/es\/isla-de-amor-ii-una-primera-toma-de-contacto\/#ii_una_primera_toma_de_contacto\" >II. Una primera Toma de Contacto<\/a><\/li><li class='ez-toc-page-1 ez-toc-heading-level-1'><a class=\"ez-toc-link ez-toc-heading-3\" href=\"https:\/\/mongonzalez.es\/es\/isla-de-amor-ii-una-primera-toma-de-contacto\/#iii_el_reencuentro_de_las_almas_anhelantes\" >III. El reencuentro de las Almas Anhelantes<\/a><\/li><li class='ez-toc-page-1 ez-toc-heading-level-1'><a class=\"ez-toc-link ez-toc-heading-4\" href=\"https:\/\/mongonzalez.es\/es\/isla-de-amor-ii-una-primera-toma-de-contacto\/#iv_la_fusion_de_los_fuegos_sagrados\" >IV. La fusi\u00f3n de los Fuegos Sagrados<\/a><\/li><li class='ez-toc-page-1 ez-toc-heading-level-1'><a class=\"ez-toc-link ez-toc-heading-5\" href=\"https:\/\/mongonzalez.es\/es\/isla-de-amor-ii-una-primera-toma-de-contacto\/#v_el_inicio_de_la_despedida_por_lo_prohibido\" >V. El inicio de la Despedida por Lo Prohibido<\/a><\/li><li class='ez-toc-page-1 ez-toc-heading-level-1'><a class=\"ez-toc-link ez-toc-heading-6\" href=\"https:\/\/mongonzalez.es\/es\/isla-de-amor-ii-una-primera-toma-de-contacto\/#vi_el_hasta_pronto_sereno\" >VI. El Hasta Pronto Sereno<\/a><\/li><\/ul><\/nav><\/div>\n<p>Si quieres descarg\u00e1rtelo en pdf, pincha aqu\u00ed: <a href=\"https:\/\/mongonzalez.es\/wp-content\/uploads\/1994\/12\/ISLA-DE-AMOR.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">ISLA DE AMOR<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Para que en la vida de los seres humanos lo real y lo fant\u00e1stico hallen una perfecta simbiosis<\/p>\n<h1><span class=\"ez-toc-section\" id=\"i_la_llegada_a_la_tierra_de_la_luz\"><\/span>I. La llegada a la Tierra de la Luz<span class=\"ez-toc-section-end\"><\/span><\/h1>\n<p>Saman\u00e1 sali\u00f3 del cuarto de ba\u00f1o, entr\u00f3 en su habitaci\u00f3n y se meti\u00f3 en la cama. La pesada cena le hac\u00eda dif\u00edcil conciliar el sue\u00f1o. Estuvo un buen rato dando vueltas, acurrucadita bajo su pesado edred\u00f3n, hasta que por fin su ser abandon\u00f3 su cuerpo y se dirigi\u00f3 al Reino de los Cielos.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>Volaba en un avi\u00f3n hacia poniente. Tras de s\u00ed dejaba la vieja Europa, para dirigirse hacia el Nuevo Mundo. A medida que el avi\u00f3n avanzaba iba amaneciendo en los lugares por los que pasaba. Daba la impresi\u00f3n de que el avi\u00f3n iba extendiendo un manto de luz sobre el mar y la tierra. Con un poco de imaginaci\u00f3n hasta se ve\u00eda la sombra que el avi\u00f3n proyectaba como avanzadilla del d\u00eda.<\/p>\n<p>Abajo, el Atl\u00e1ntico mostraba sus bravas aguas, una infinita sucesi\u00f3n de olas encrespadas, un oc\u00e9ano de motas blancas. A veces ven\u00edan corriendo al encuentro del d\u00eda grupos de nubes de variado cariz. Algunas delgadas, trasl\u00facidas, casi invisibles; otras enormes, puestas de pie sobre el cielo, mostrando en la magnificencia de su gordura raras esculturas.<\/p>\n<p>Cuando sobrevolaba las Bermudas las nubes hicieron un espeso frente com\u00fan, impidi\u00e9ndola ver el Archipi\u00e9lago Maldito. \u00abEstar\u00eda bien que ahora nos tragaran las fuerzas de la naturaleza y pas\u00e1ramos a la cuarta dimensi\u00f3n\u00bb pens\u00f3 Saman\u00e1, pero tal vez el aspirador gigante del Tri\u00e1ngulo estaba estropeado o simplemente desenchufado y no funcion\u00f3.<\/p>\n<p>Y al poquito, se erig\u00eda ante sus ojos, en la profunda lejan\u00eda, su tierra de destino: la hermosa isla de La Espa\u00f1ola. Isla que Col\u00f3n describiera en su diario como el lugar m\u00e1s hermoso que jam\u00e1s contemplaran sus fatigados ojos de navegante.<\/p>\n<p>Poco a poco el avi\u00f3n fue descendiendo, lanz\u00e1ndose hasta sumergirse en el mar de verdor.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>Hace siglos, quiz\u00e1s milenios o eones, habit\u00e9 esta tierra. Entonces era una muchacha ta\u00edna, miembro de ese pueblo de indios pac\u00edficos que custodi\u00e1bamos esta isla antes de la venida del hombre blanco. A esta isla la llam\u00e1bamos Ayit\u00ed, la Tierra Monta\u00f1osa. Mi padre fue un gran sacerdote, iniciado en los grandes misterios del m\u00e1s all\u00e1. Yo no tuve hermanos y mi padre me instruy\u00f3 para seguir sus pasos. En mi Bautismo de Luz me pusieron por nombre Saman\u00e1. Durante toda mi vida s\u00f3lo hubo una tragedia: a mi amor se lo llevaron las olas en una terrible tempestad.<\/p>\n<p>Ahora vuelvo a mi isla bajo la apariencia de una muchacha europea, habitante del Viejo Continente. He seguido los pasos normales de alguien de mi edad: crec\u00ed, estudi\u00e9, me licenci\u00e9 en econom\u00eda y trabajo para un banco de desarrollo. Pero, aunque todo esto sea parte de mi vida exterior, en mi mundo interior sigo siendo Saman\u00e1. Y aunque aparentemente vengo por primera vez en esta mi vida por motivos de trabajo, yo s\u00e9 que el fin de mi regreso es otro, pues est\u00e1 escrito que he de buscar, entre los restos de aquel naufragio, al ser que me ha de amar.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>El avi\u00f3n cada vez estaba m\u00e1s cerca del suelo. Se percib\u00edan las cadenas monta\u00f1osas, los r\u00edos, las palmeras&#8230; las techumbres de hojalata de los arrabales, los veh\u00edculos variopintos&#8230; Aterriz\u00f3. Saman\u00e1 sali\u00f3 del avi\u00f3n, confundida entre esa marabunta de turistas que se aprestaban a ocupar banalmente sus d\u00edas de reposo. Baj\u00f3 las escalinatas del avi\u00f3n. Pis\u00f3 el suelo. Un escalofr\u00edo raudo atraves\u00f3 su ser. Hab\u00eda vuelto.<\/p>\n<p>Mientras esperaba a que saliera su peque\u00f1a maleta por la cinta mec\u00e1nica, observaba el hacer de la gente. \u00ab\u00a1Qu\u00e9 variedad de tonos de piel tienen todos!\u00bb. Estaba tan ensimismada en sus reflexiones que no percibi\u00f3 como un chico se le acercaba. \u00ab\u00bfQuiere que le ayude con sus maletas, miss?\u00bb. Saman\u00e1 se volvi\u00f3 sobresaltada, le mir\u00f3 y, tras conseguir entender donde estaba y lo que quer\u00edan de ella, emiti\u00f3 un casi inaudible \u00abNo, gracias\u00bb al tiempo que intentaba desdibujar en sus labios una sonrisa. \u00abA ver si a partir de ahora intentas estar despierta\u00bb fue la reprimenda que su mente le solt\u00f3.<\/p>\n<p>Sali\u00f3 del aeropuerto. Hab\u00eda venido a analizar un proyecto de inversi\u00f3n de una empresa local que quer\u00eda ampliar su negocio. En la empresa le hab\u00edan dicho que ir\u00edan a recogerla. Escudri\u00f1\u00f3 el p\u00fablico que se hacinaba junto a la rampa de salida, pero no lograba identificar ning\u00fan letrero, hasta que \u00ab\u00a1Ah! Ah\u00ed\u00bb&#8230; hab\u00eda un se\u00f1or mayor de tez oscura que sosten\u00eda en sus manos un peque\u00f1o cartel en el que estaba escrito \u00abMarevol\u00bb. \u00ab\u00bfEs usted de la empresa Marevol?\u00bb. \u00abS\u00ed, se\u00f1ora\u00bb. \u00abSoy Saman\u00e1 D\u00edaz\u00bb. \u00abPues yo ya casi me iba se\u00f1ora, cre\u00eda que usted ya no ven\u00eda\u00bb. El hombrecillo cogi\u00f3 la maleta y march\u00f3 direcci\u00f3n al parking. Saman\u00e1 le sigui\u00f3. \u00abEsp\u00e9rese aqu\u00ed, se\u00f1ora, pues he olvidado donde dej\u00e9 el carro y no lo veo\u00bb. A Saman\u00e1 no le quedaba otro remedio que esperar bajo el inclemente sol caribe\u00f1o a que el ch\u00f3fer encontrara el coche. Al ratito de esperar, rebusc\u00f3 en su bolso un pa\u00f1uelo y se lo at\u00f3 a la cabeza. \u00abAs\u00ed al menos evitas una insolaci\u00f3n\u00bb pens\u00f3. De repente pas\u00f3 el ch\u00f3fer corriendo con una expresi\u00f3n de infinita felicidad es su cara: \u00abYa lo vi, se\u00f1ora, all\u00ed est\u00e1\u00bb.<\/p>\n<p>El coche, moderno y confortable, arranc\u00f3. La carretera iba bordeando el mar, el bello Caribe, direcci\u00f3n a la ciudad. \u00ab\u00bfC\u00f3mo se llama usted?\u00bb. \u00abManuel, se\u00f1ora\u00bb. \u00ab\u00bfEs usted de Santo Domingo?\u00bb. \u00abSi, se\u00f1ora, soy capitale\u00f1o. Pero los capitale\u00f1os somos muy negros y muy feos\u00bb. A la derecha se ve\u00edan todas esas m\u00edseras casuchas de colores cuyos tristes techos de hojalata ya hab\u00eda contemplado desde el avi\u00f3n. En el fondo le impresionaba el choque de ver de golpe tanta pobreza. Sin embargo, el animado parloteo del ch\u00f3fer le imped\u00eda hundirse en alg\u00fan mar de meditabundas reflexiones. \u00abA m\u00ed me dijeron que usted era americana y que no la iba a entender. Pero la entiendo. Usted no es americana \u00bfVerdad?\u00bb. \u00abNo, soy espa\u00f1ola\u00bb. \u00abEspa\u00f1ola \u00a1Qu\u00e9 rico! Mire usted este es el puente de Juan Carlos, de cuando estuvo aqu\u00ed con su mujer&#8230; \u00bfC\u00f3mo est\u00e1 esa gente ah\u00ed?\u00bb. \u00ab\u00bfQui\u00e9n? \u00bfLos reyes? Supongo que bien\u00bb. \u00abSon millonarios \u00bfverdad?\u00bb. \u00abHombre, son reyes y tienen dinero\u00bb. \u00abUstedes no tienen presidente \u00bfya?\u00bb. \u00abNo\u00bb.\u00a0 Esta vez fue Saman\u00e1 la que atac\u00f3: \u00ab\u00bfEst\u00e1n Ustedes contentos con Balaguer?\u00bb. \u00abBalaguer las dos primeras veces bien, luego ya no\u00bb. \u00abEst\u00e1 ciego \u00bfno?\u00bb. \u00abEst\u00e1 todo\u00bb replic\u00f3 Manuel y solt\u00f3 una larga carcajada <em>por lo bajinis<\/em>.<\/p>\n<p>Atravesaron con el coche por el puente sobre el r\u00edo Ozama, ese mismo r\u00edo sobre el que el hijo de Col\u00f3n amarraba su barco cuando regresaba de sus largos viajes por las Antillas, para subir las escalinatas que le llevaban a su majestuosa mansi\u00f3n de virrey de la isla. Bordearon la ciudad colonial y siguieron avanzando por el Malec\u00f3n. Santo Domingo no tiene playa, pero s\u00ed un largu\u00edsimo paseo construido sobre las rocas de forma que se erige como mirador natural sobre el mar, lleno de palmeras, almendros, puestos de m\u00fasica y seres que hacia el atardecer abarrotan su espacio para bailar, pasear o simplemente dejarse llevar hacia alg\u00fan pa\u00eds de ensue\u00f1o envueltos por el rugido de las olas al chocar contra las rocas. Este paseo es el Malec\u00f3n.<\/p>\n<p>Pasaron junto a dos enormes esculturas separadas una de otra unos cien metros, la primera en forma de U, la segunda en forma de I. \u00abEsta es la escultura hembra, aquella la macho\u00bb. \u00ab\u00a1Ay, estos caribe\u00f1os! \u00a1Son p\u00edcaros hasta para ponerle nombre a las esculturas!\u00bb pens\u00f3 Saman\u00e1.<\/p>\n<p>Aunque el exultante sol calentaba el ambiente y su violento reverberar sobre los objetos encend\u00eda en el alma las ganas de vivir, su cuerpo parec\u00eda no estar conforme con los cambios tan bruscos a que estaba siendo sometido. Ya en el avi\u00f3n hab\u00eda sentido como le empezaban a doler las anginas&#8230; Ahora notaba como empezaba a perder la voz.<\/p>\n<p>Llegaron a la empresa. Subi\u00f3 a hablar con la persona que le hab\u00eda contactado durante los preparativos previos a la concesi\u00f3n del cr\u00e9dito. Entr\u00f3 en su despacho. Fue a saludar, pero la voz se qued\u00f3 escondida tras las cuerdas vocales y no quiso asomarse a los labios. Lo intent\u00f3 de nuevo, pero fue en vano. No pod\u00eda hablar. Alfredo, el sorprendido interlocutor que presenciaba los \u00edmprobos esfuerzos de Saman\u00e1 por hablar, le ofreci\u00f3 un asiento y rebuscando nervioso bajo el mont\u00f3n de papeles que cubr\u00edan su escritorio, logr\u00f3 sacar una cajita y se la ofreci\u00f3. Eran caramelos de menta. \u00abDeme un segundo que termino este fax y ahora mismo estoy con Usted\u00bb. Saman\u00e1 asinti\u00f3 con la cabeza, sonri\u00f3, se llev\u00f3 un caramelito a la boca y, mientras lo dejaba deshacerse lentamente, liber\u00f3 su mente para que esta escudri\u00f1ara tanto el lugar como el hombre que estaban ante ella. En cualquier negocio dicen que las primeras impresiones son muy importantes, as\u00ed que \u00a1a percibir!<\/p>\n<p>Alfredo le inform\u00f3 de que las otras tres personas que deb\u00edan venir a inspeccionar el proyecto, llegar\u00edan el domingo por la noche. Saman\u00e1 ya sab\u00eda que su jefe llegar\u00eda el domingo, pero cre\u00eda que tal vez alguno de los otros dos vendr\u00eda antes. Como era viernes, as\u00ed ten\u00eda todo un fin de semana s\u00f3lo para ella antes de empezar a trabajar. \u00abNos vemos el lunes por la ma\u00f1ana. Ir\u00e9 a recogerles a todos ustedes al hotel. Le he reservado habitaci\u00f3n en el hotel El Embajador. El ch\u00f3fer la llevar\u00e1 para all\u00e1. Si necesita cualquier cosa este fin de semana, no dude en llamarme\u00bb. Sali\u00f3 del despacho y se oy\u00f3 que dec\u00eda: \u00ab\u00a1Manuel! Lleve a la se\u00f1ora al Embajador\u00bb.<\/p>\n<p>Entr\u00f3 en la que iba a ser su peque\u00f1a casa durante una semana. La habitaci\u00f3n era enorme y muy bien decorada, todo en tonos pasteles rosas y azules. Vio encima del aparador una cesta de fruta envuelta con papel de celof\u00e1n y adornada con un gran lazo. \u00abEl gerente le desea una feliz estancia\u00bb pon\u00eda en la tarjetita. Bien, primero se duchar\u00eda, se relajar\u00eda y luego ya ver\u00eda lo que hac\u00eda. Una vez envuelta en la esponjosa bata de ba\u00f1o se ech\u00f3 encima de la cama con la fruta al lado a comer. Fue probando poquito a poco&#8230; la pi\u00f1a, el mel\u00f3n, la papaya, la toronja, el mango, las manzanas&#8230; \u00a1Mmmm! \u00a1Qu\u00e9 dulzura m\u00e1s exquisita!&#8230;<\/p>\n<p>A\u00fan le quedaban algunas horas de sol y pod\u00eda aprovechar para ver algo. Pod\u00eda ir a visitar la zona de la ciudad colonial al borde del mar o pod\u00eda&#8230; De repente sus anginas le dieron un terrible calambrazo. \u00abNo salgas hoy. Qu\u00e9date aqu\u00ed y c\u00faranos\u00bb parec\u00edan querer decirle. A Saman\u00e1 no le quedaba m\u00e1s remedio que hacerles caso, porque sab\u00eda que si no iban a hacerle la tarde imposible. As\u00ed que recogi\u00f3 las cosas, se meti\u00f3 bajo la tibia manta, sorbi\u00f3 una manzanilla con miel que le acababan de traer a la habitaci\u00f3n y, mientras entonaba en su mente esta plegaria: \u00abMaestras, Seres de Luz, os imploro que arranqu\u00e9is de mi cuerpo f\u00edsico cualquier mal y me devolv\u00e1is la salud\u00bb, se durmi\u00f3.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>Es curioso venir aqu\u00ed despu\u00e9s de tanto tiempo. Antes no hab\u00eda nada en esta zona, s\u00f3lo \u00e1rboles y el rugir del mar. Mi alma vibra con cada bocanada que tomo de este intenso aire. Es muy cerca de aqu\u00ed donde tuvo lugar mi matrimonio. A\u00fan lo recuerdo como si fuera hoy. Lo siento cerca. Presiento que pronto volver\u00e1 a m\u00ed.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente sali\u00f3 a desayunar. Aunque su idea era alquilar un coche y visitar la isla, en el fondo no ten\u00eda ningunas ganas de conducir en un pa\u00eds en el que las normas de circulaci\u00f3n no exist\u00edan. Al llegar junto a la recepcionista para preguntarle por un lugar donde alquilar uno, intent\u00f3 en vano articular. Las palabras no sal\u00edan. Con gran esfuerzo logr\u00f3 hacerse entender. La chica amablemente propuso llamar ella misma a diferentes agencias y decirle despu\u00e9s precios y disponibilidades. Saman\u00e1 se dirigi\u00f3 al buf\u00e9, llen\u00f3 un plato de toda suerte de frutas tropicales y fue a sentarse.<\/p>\n<p>El peque\u00f1o comedor se hallaba junto a unos enormes ventanales que se abr\u00edan sobre el mar. Salvo una mesita en la que se sentaba un chico, el resto estaba vac\u00edo. Al pasar junto a \u00e9l, le salud\u00f3: \u00abBuenos d\u00edas\u00bb. \u00abBuenos d\u00edas\u00bb. Por el acento infiri\u00f3 que era espa\u00f1ol y se lo pregunt\u00f3. \u00abSi, soy salmantino\u00bb. \u00abHombre \u00a1Qu\u00e9 peque\u00f1o es el mundo! Yo tambi\u00e9n. \u00bfPuedo sentarme contigo?\u00bb. \u00ab\u00a1C\u00f3mo no!\u00bb. Aunque la voz apenas nac\u00eda de sus entra\u00f1as, pudo contarle sus vagos planes para ese fin de semana. \u00abNo cojas un coche ni de loca por aqu\u00ed. Yo me marcho ahora para Puerto Plata y si quieres te llevo\u00bb.<\/p>\n<p>Saman\u00e1 iba c\u00f3modamente sumergida en el mullido asiento del coche. Solo salir de la capital pod\u00edan verse, a ambos lados del camino, multicolores casitas de un piso, construidas con hojas de palma o con madera y con sus inconfundibles techumbres de hojalata. Dado que la vida era dura, hab\u00eda que darle un toque de alegr\u00eda pintando la fachada con colores a cual m\u00e1s lleno de fuerza y vitalidad. Amarillos vivos, rosas, azules, verdes, rojos&#8230; Cualquier combinaci\u00f3n, fuera cual fuera, por muy chocante que pareciera a primera vista, estaba permitida, con tal de que en conjunto provocara una ligera sonrisa en los labios de quienes la contemplaban.<\/p>\n<p>El hecho de que estuviera prohibido cortar los \u00e1rboles, incluida pena de prisi\u00f3n si uno era pillado <em>in fraganti<\/em>, hab\u00eda contribuido a que se desarrollara una densa vegetaci\u00f3n que con los a\u00f1os se hab\u00eda convertido en reina indiscutible del paraje, invadiendo a voluntad y por doquier cuantas lomas de monta\u00f1a se pon\u00edan en su camino. Era un placer avanzar por esa carretera, enmarcada por enormes monta\u00f1as cubiertas de ese intenso verdor. Verde sobre verde contra el azul del cielo.<\/p>\n<p>Iban direcci\u00f3n al norte, al oc\u00e9ano, bordeando la Sierra Central, de la que sobresal\u00edan enormes picos, como el Pico Duarte de m\u00e1s de tres mil metros de altitud. Toda la geograf\u00eda estaba surcada por r\u00edos, riachuelos y torrentes que iban acariciando, labrando y regalando la f\u00e9rtil tierra. Tras pasar Santiago, la segunda ciudad en importancia del pa\u00eds, Lorenzo tom\u00f3 un desv\u00edo y empez\u00f3 a subir por una carretera de monta\u00f1a. Ten\u00edan que atravesar la Sierra Septentrional y hab\u00eda elegido el camino m\u00e1s bello para hacerlo. Debi\u00f3 pensar \u00ab\u00a1Pobre chica! Al menos que se vaya habiendo visto algo\u00bb.<\/p>\n<p>Como buena carretera de monta\u00f1a era una continua sucesi\u00f3n de curvas. A Saman\u00e1 no le daban los ojos de s\u00ed para captar tanta hermosura. No sab\u00eda d\u00f3nde mirar, pues cada rinc\u00f3n superaba al anterior en belleza. Los valles que se extend\u00edan a sus pies cuales mantos de inmaculado verdor; las mil y una variedades de palmeras que compet\u00edan por alcanzar las nubes; las casitas que se posaban en el exterior de las curvas y parec\u00edan tambaleantes trapecistas sobre abruptos precipicios&#8230; Tambi\u00e9n los muros eran testigos mudos de otro tipo de belleza. Cargados de esl\u00f3ganes pol\u00edticos y reivindicaciones sociales eran la voz de un pueblo sumido en la pobreza, con altas tasas de analfabetismo, pero que ped\u00eda a gritos un pellizco de dignidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-19548 aligncenter\" src=\"https:\/\/mongonzalez.es\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/No-vote-en-las-elecciones-300x206.jpg\" alt=\"\" width=\"513\" height=\"352\" srcset=\"https:\/\/mongonzalez.es\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/No-vote-en-las-elecciones-300x206.jpg 300w, https:\/\/mongonzalez.es\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/No-vote-en-las-elecciones-1024x703.jpg 1024w, https:\/\/mongonzalez.es\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/No-vote-en-las-elecciones-768x528.jpg 768w, https:\/\/mongonzalez.es\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/No-vote-en-las-elecciones-1536x1055.jpg 1536w, https:\/\/mongonzalez.es\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/No-vote-en-las-elecciones-2048x1407.jpg 2048w\" sizes=\"(max-width: 513px) 100vw, 513px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\u00abNo votes. Las elecciones son las fiestas de los ricos. Lucha\u00bb<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Algo que la estaba dejando boquiabierta y que no parar\u00eda de sorprenderla durante toda su estancia en esta isla eran las mariposas&#8230; Tanto por su riqueza de formas y colorido -las hab\u00eda lilas, verdes, rojas, amarillas, rosas, blancas, marrones, granates- como por su vivacidad y alegr\u00eda podr\u00eda afirmarse, sin miedo a errar, que eran las pac\u00edficas invasoras de esta isla.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>Cuando era peque\u00f1a mi abuela nos contaba que cada indio ten\u00eda por hada madrina una mariposa. De ah\u00ed que las hubiera de tantos colores diferentes, pues los hombres y las mujeres que habit\u00e1bamos Ayit\u00ed \u00e9ramos todos en el fondo distintos. Y como la estaci\u00f3n de nacimiento influ\u00eda al ser, dependiendo de \u00e9sta, as\u00ed era tu mariposa. Las blancas y verdes custodiaban a quienes nacieron en \u00e9pocas de lluvia, las azul-gris\u00e1ceas a los que lo hicieron en invierno, las rojas-anaranjadas a los nacidos bajo el sol veraniego. Las amarillas eran las almas custodias de los seres puros que escapaban al mecanicismo de las estaciones. Mi abuela dec\u00eda que deb\u00edamos buscar nuestra mariposa y cultivar hermosas flores que la sirvieran de alimento. Tambi\u00e9n pod\u00eda una, una vez que lograba intimar con su mariposa, luchar por cambiar juntas de color&#8230; hasta tener un aura amarilla. Para ello hab\u00eda que seguir un arduo proceso de purificaci\u00f3n interna&#8230; durante el que el suave y tierno aleteo de tu mariposa era siempre una ayuda y un consuelo.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>Al fondo se divisaba el oc\u00e9ano, de un azul m\u00e1s intenso que el mar del sur, y hacia \u00e9l se dirigieron bajando por la verde ladera. \u00c9l la dej\u00f3 en la playa y se march\u00f3. Saman\u00e1 trep\u00f3 hasta unas rocas en medio de la arena&#8230; se puso a contemplar el calmado vaiv\u00e9n de las aguas&#8230; y se sinti\u00f3 flotar. Cerca de ella una parejita se ba\u00f1aba en el agua, estruj\u00e1ndose de tal forma que parec\u00edan confundirse en un solo ser.<\/p>\n<p>Pas\u00f3 el d\u00eda vagabundeando por las callejuelas de esa ciudad colonial, en la que a\u00fan se conservaban fuertes, iglesias y muchas multicolores casas de madera. Par\u00f3 un <em>motoconcho<\/em>, una moto que hace las veces de taxi, y subi\u00f3 en \u00e9l hasta la cima de un enorme monte, la Lometa de Santa Isabel, reserva natural que rodeaba la ciudad y parec\u00eda abrazarla cual escudo protector. Desde arriba la vista era magn\u00edfica, se ve\u00eda toda la costa hasta m\u00e1s all\u00e1 de la frontera haitiana. Abajo yac\u00eda Puerto Plata, serena, tranquila.<\/p>\n<p>Al atardecer cogi\u00f3 un autob\u00fas de vuelta a la capital. Coincidi\u00f3 de nuevo con la dulce parejita y entablaron conversaci\u00f3n&#8230; Muchas palabras, muy cargadas de cari\u00f1o y sentimiento. Al llegar a Santo Domingo hab\u00edan dejado de ser extra\u00f1os. \u00abExtra\u00f1o lo r\u00e1pido que se puede llegar a querer a algunos seres que se cruzan veloces en nuestras vidas\u00bb pens\u00f3.<\/p>\n<p>Aunque el d\u00eda siguiente le depar\u00f3 tambi\u00e9n vivencias y alegr\u00edas, viendo la zona colonial de Santo Domingo; visitando a F\u00e9lix y G\u00e9nova, la parejita del d\u00eda anterior, en su casa, en un arrabal de las afueras; y yendo a un concierto maravilloso en un gran hotel de la capital, algo dentro de ella la inquietaba, algo le dec\u00eda: \u00abPrep\u00e1rate, \u00e9l viene\u00bb. Y su sangre herv\u00eda de ansiedad.<\/p>\n<h1><span class=\"ez-toc-section\" id=\"ii_una_primera_toma_de_contacto\"><\/span>II. Una primera Toma de Contacto<span class=\"ez-toc-section-end\"><\/span><\/h1>\n<p>Su primer d\u00eda de trabajo transcurri\u00f3 visitando las distintas sucursales de la empresa y de la competencia en Santo Domingo capital y alrededores&#8230; Observar, tomar datos, verificar, preguntar, anotar, analizar, razonar&#8230; Solo por la noche, durante la cena, parec\u00eda que su alma tomaba un peque\u00f1o respiro. Se pudo relajar. La mesa era rectangular. Junto a ella, a su derecha, encabezando la mesa, Alfredo, dominicano de ascendientes libaneses. Frente a ella su jefe alem\u00e1n, Michael. A su izquierda, Matt, el chico del Banco Mundial que hab\u00eda venido desde Washington. Frente a \u00e9l, Bob, un consultor estadounidense, ya retirado, pero que era el indiscutible experto en ese sector. Entre Matt y Bob, ocupando la otra presidencia de la mesa, se hallaba Marco, el hermano de Alfredo. All\u00ed estaba Saman\u00e1, en un lujoso restaurante italiano, en una isla del Caribe rodeada por hombres del mundo entero, para los que ella era el centro de atenci\u00f3n, el destino de sus agasajos.<\/p>\n<p>Poco a poco fue reduciendo su horizonte, hasta focalizar todo su inter\u00e9s en Alfredo. Le sorprend\u00eda el que pareciera conocerlo tan bien, cuando apenas se hab\u00edan visto unas horas. Hablaban de su vida, de sus viajes, de sus aficiones, de cosas aparentemente banales&#8230; pero que lentamente iban calando en ella. Hab\u00eda tantos parecidos entre sus vidas que parec\u00eda incre\u00edble.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>Alfredo, cuando t\u00fa te marchaste con diecis\u00e9is a\u00f1os al extranjero a estudiar, primero cuatro a\u00f1os a Estados Unidos, luego dos a Francia, luego vuelta a Norteam\u00e9rica por otros tantos a\u00f1os, yo estaba lejos, en mi Espa\u00f1a natal, preparando con los juegos de mi infancia mi futuro de n\u00f3mada errante. Tambi\u00e9n yo he pasado media vida errando, de un pa\u00eds a otro, de un continente a otro. Errando sola, pero sabiendo que esa soledad me estaba preparando&#8230; Haciendo que nuestras vidas fueran en cierto modo paralelas, el destino nos quer\u00eda asemejar. Seres que viven experiencias similares tienden a desarrollar un aura similar. Pero \u00bfa qu\u00e9 jugaba el destino?<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>La mir\u00f3 a los ojos y dijo: \u00abSiento que eres una persona para la que los idiomas no son solo palabras, sino que puedes llegar a fascinarte por la cultura que se esconde tras ellos\u00bb. En los ojos de Saman\u00e1 resplandeci\u00f3 una llamita. Pocas veces alguien hab\u00eda logrado desvelar el verdadero sentido de su loca pasi\u00f3n por los idiomas. Su anhelo por entender mejor el sentir del alma que se esconde tras un mar de palabras&#8230; Y ese desconocido hab\u00eda dado en el clavo. Tendr\u00eda que observarlo mejor. Hab\u00eda algo especial en \u00e9l que lentamente, cual planta trepadora a la luz de una luna, empezaba a invadirla, a colarse por los intersticios de su alma.<\/p>\n<p>Cuando llegaron de vuelta al hotel, su jefe solt\u00f3 como quien no quiere la cosa: \u00abCreo que la mezcla de sangre latina y \u00e1rabe es algo explosiva para ti\u00bb y sonri\u00f3. Saman\u00e1 march\u00f3 meditabunda hacia su habitaci\u00f3n. Tal vez fuera eso. Las dos partes del mundo por las que sent\u00eda una fascinaci\u00f3n ciega e irracional eran los pa\u00edses \u00e1rabes e Iberoam\u00e9rica. Quiz\u00e1s eso tuviera algo que ver con su manera de sentir. Mientras yac\u00eda en su cama esperando el sue\u00f1o, no pod\u00eda quitarse de la mente una frase que Alfredo le hab\u00eda dirigido dos veces aquella noche: \u00abCreo que eres una mujer muy intensa\u00bb.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>Hola, \u00bfme oyes? he venido a buscarte. S\u00e9 que tu alma sobrevivi\u00f3 al naufragio y que est\u00e1 escrito que en esta existencia nos reencontremos. Por favor, amor, hazme un signo claro de d\u00f3nde est\u00e1s, de en qu\u00e9 cuerpo te hallas. H\u00e1blame. Te espero.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<h1><span class=\"ez-toc-section\" id=\"iii_el_reencuentro_de_las_almas_anhelantes\"><\/span>III. El reencuentro de las Almas Anhelantes<span class=\"ez-toc-section-end\"><\/span><\/h1>\n<p>El d\u00eda siguiente volvi\u00f3 a pasar a c\u00e1mara r\u00e1pida, visitando los establecimientos de Marevol y de la competencia en Santiago. Vuelta a observar, tomar datos, verificar, preguntar, anotar, analizar, razonar. Parec\u00eda como si la mente fuera incapaz de asimilar la informaci\u00f3n a la velocidad a la que llegaba. Se sent\u00eda como una autista envuelta en una burbuja de cristal. Los datos chocaban contra la burbuja y sal\u00edan disparados en todas las direcciones del universo&#8230; mientras la pobre mente no daba abasto para correr tras ellos y capturarlos. A pesar del estr\u00e9s mental, su alma se hallaba incomprensiblemente sumida en un lago de serena e infinita paz.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 de nuevo la noche. Cenaron los mismos seis<em> jinetes del Apocalipsis<\/em> de la noche anterior, pero esta vez alrededor de una mesa redonda en el restaurante chino del hotel. Durante el d\u00eda se nutr\u00eda el cuerpo de ligeros platos locales, para por la noche, ya bien duchado y relajado, nutrirlo de lejanas exoticidades. La conversaci\u00f3n general era amena, distendida, todo transcurr\u00eda con normalidad, hasta que Alfredo apret\u00f3 a la vez con dureza y con ternura el pie de Saman\u00e1 por debajo de la mesa. Un rayo incontrolable le recorri\u00f3 todo el cuerpo y la dej\u00f3 K.O. por un par de asaltos. Fuera de combate, incapaz de reaccionar. Jam\u00e1s en su vida hab\u00eda sentido un voltaje tan fuerte recorrerle las entra\u00f1as. \u00bfQu\u00e9 hacer? \u00bfC\u00f3mo reaccionar? Era materialmente incapaz de girar el cuello para mirarle, incluso de levantar la vista y dirigirla hacia alguna otra persona de la ronda. Seguro que se hab\u00eda puesto roja y todo el mundo lo hab\u00eda notado. \u00abSaman\u00e1, me pasas el arroz, por favor\u00bb, le dijo Michael. Obedeci\u00f3 cual aut\u00f3mata, logrando sin embargo captar con el rabillo del ojo la mirada consoladora que su jefe le lanzaba. En cierto modo, el cari\u00f1o de esa mirada la tranquiliz\u00f3 y pudo retomar las riendas de su cuerpo. \u00abGracias, jefe\u00bb pens\u00f3.<\/p>\n<p>Tras la cena, cada cual subi\u00f3 hacia sus habitaciones. Saman\u00e1 lleg\u00f3 a la suya, con el tiempo justo para cerrar tras de s\u00ed la puerta antes de desplomarse sobre el suelo junto a la cama. No ten\u00eda fuerzas para moverse. Un sentimiento desconocido hasta entonces la invad\u00eda. Era presa de una llama incontrolable.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>Jiman\u00ed siento como tu alma se acerca a trav\u00e9s de los tiempos. Siento como est\u00e1s renaciendo del sue\u00f1o de los justos y como atraviesas la nebulosa del espacio para postrarte ante m\u00ed. Mu\u00e9strate.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>Son\u00f3 el tel\u00e9fono. \u00ab\u00bf<em>C\u00f3mo tu t\u00e1<\/em>? \u00bfDorm\u00edas ya?\u00bb. \u00abNo, ya bajo\u00bb. En un abrir y cerrar de ojos Saman\u00e1 se hallaba junto a la puerta del coche. Se agach\u00f3 hasta la altura de la ventanilla, le mir\u00f3 y entr\u00f3. Silencio. \u00ab\u00bfD\u00f3nde vamos?\u00bb pregunt\u00f3 \u00e9l. \u00abEns\u00e9\u00f1ame alg\u00fan lugar bonito\u00bb. Y partieron. Aparc\u00f3 el coche junto a unos jardines. En medio de \u00e9stos se erig\u00eda una peque\u00f1a edificaci\u00f3n octogonal. Dentro hab\u00eda una escalera de caracol que perforaba las entra\u00f1as de la tierra, rodeada de estalactitas que colgaban atrevidas del techo de la cueva, de ra\u00edces y troncos de \u00e1rboles unidos en \u00edntima simbiosis a la roca. Abajo, una peque\u00f1a barra, un minirestaurante, una orquesta y una diminuta superficie de baile. La grandeza de los alt\u00edsimos techos de la cueva contrastaba con la reducida dimensi\u00f3n de cuantas emulaciones de juguete se hallaban sobre el suelo. Se sentaron en unos taburetes junto a la barra. Empezaron a hablar de todo un poco y el nerviosismo desapareci\u00f3. \u00c9l ten\u00eda una manera tan relajada e interesante de desarrollar cualquier tema que, hablaran de lo que hablaran, su mente se sent\u00eda fascinada.<\/p>\n<p>Aquella ma\u00f1ana, mientras se dirig\u00edan en coche a Santiago, Saman\u00e1 hab\u00eda estado criticando ante Matt la pol\u00edtica neoimperialista norteamericana, al tiempo que el pobre trataba en vano de aportar argumentos que pudieran convencerle de lo contrario. Ahora Alfredo la juzgaba por ello. \u00abEn el fondo estoy de acuerdo con lo que dices, pero pienso que eres un poco ingenua. No todo lo que viene de Estados Unidos es malo. Por ejemplo, es un pa\u00eds que ofrece incontables oportunidades a mucha gente que llega a \u00e9l con las manos vac\u00edas\u00bb. \u00ab\u00bfPero y qu\u00e9 me dices de su ego\u00edsta pol\u00edtica de explotaci\u00f3n y dominaci\u00f3n sobre Iberoam\u00e9rica?\u00bb. \u00abCualquier gran potencia la desarrolla, pero no te preocupes, porque tiene que cambiar. Si no quieren que los latinoamericanos les invadamos con nuestra hambre, tendr\u00e1n que cambiar sus pol\u00edticas y contribuir de verdad a que nuestros pa\u00edses se desarrollen, no por altruismo, claro est\u00e1, sino para que no seamos un obst\u00e1culo a su propio crecimiento\u00bb.<\/p>\n<p>Alfredo la sac\u00f3 a bailar. El ritmo del merengue era tremendamente pegadizo. Eso de bailar moviendo el cuerpo muy poquito a poco, de forma imperceptible, casi sin despegarse del sitio, al tiempo que no quedaba una sola part\u00edcula del cuerpo sin poner su granito de arena en este balanceo, resultaba irresistible. Era jugar a bailar, sin bailar, movimiento total en la m\u00e1s absoluta quietud. La estrech\u00f3 entre sus brazos y aceler\u00f3 su velocidad de rotaci\u00f3n. Entre el mareo que tanta vuelta le hab\u00eda producido y la magn\u00e9tica corriente que electrocutaba sus miembros, no le quedaba m\u00e1s remedio que apoyarse sobre \u00e9l y dejarse llevar, si no quer\u00eda caer al suelo. Se le hizo eterna esa canci\u00f3n, ese delicioso calvario. Cuando por fin termin\u00f3 la canci\u00f3n se dirigieron a la barra, pag\u00f3 y salieron.<\/p>\n<p>Se pararon junto a un \u00e1rbol y la bes\u00f3.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntos siglos esperando tu beso! \u00a1Cu\u00e1ntos eones! Ahora que he probado la miel de tus labios s\u00e9 que eres t\u00fa el ser que esperaba. He sentido brotar de mi alma el mismo manantial de felicidad que cuando me besaste por primera vez junto al Lago Sagrado de la Gran Gruta. Gracias por escuchar mis s\u00faplicas y venir hacia m\u00ed. Si\u00e9ntate junto a m\u00ed y cu\u00e9ntame lo que has estado haciendo durante tantas existencias que no nos vimos. Habla, amor, yo te escucho.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<h1><span class=\"ez-toc-section\" id=\"iv_la_fusion_de_los_fuegos_sagrados\"><\/span>IV. La fusi\u00f3n de los Fuegos Sagrados<span class=\"ez-toc-section-end\"><\/span><\/h1>\n<p>El mi\u00e9rcoles empez\u00f3 con una visita al Embajador alem\u00e1n, en la que este les estuvo informando a ella y a Michael sobre la situaci\u00f3n pol\u00edtica y macroecon\u00f3mica en el pa\u00eds. M\u00e1s tarde, visitaron con los norteamericanos y Alfredo el centro de distribuci\u00f3n de Marevol. Un gigante edificio. Saman\u00e1 hubiera dado lo que hiciera falta para que el radiante sol del mediod\u00eda la hubiera hecho chiquitita, chiquitita&#8230; la hubiera derretido hasta confundirla con el fluido asfalto. \u00a1Qu\u00e9 duro era disimular indiferencia hacia un ser cuya sola mirada te arrancaba el alma!<\/p>\n<p>Luego vinieron siete horas en las que ellos cinco, con Luis, el primo de Alfredo, estuvieron enclaustrados en una peque\u00f1a habitaci\u00f3n. Se trataba de preguntar lo m\u00e1s posible con el fin de recoger y verificar cuantos datos fueran necesarios para desarrollar el informe de viabilidad del proyecto: n\u00famero de empleados en cada localidad, volumen de venta por empleado y metro cuadrado, pol\u00edtica de precios, paleta de productos, pol\u00edtica de personal, formaci\u00f3n de los directivos, inventarios, pol\u00edtica de control, organigrama, informatizaci\u00f3n, ratios del sector, pol\u00edticas de marketing.<\/p>\n<p>Al acabar la maratoniana sesi\u00f3n, empezaba una nueva aventura. Se apresur\u00f3 a una tienda para comprarle un regalo a G\u00e9nova. Era su cumplea\u00f1os y la hab\u00eda llamado diciendo que ir\u00eda a visitarla. G\u00e9nova y F\u00e9lix eran aquella dulce pareja de eternos enamorados que hab\u00eda conocido volviendo de Puerto Plata. Tras mucho rebuscar en cuesti\u00f3n de segundos, pues ya cerraban, le compr\u00f3 una vajilla, con unos pa\u00f1os de cocina a juego. Abultaban mucho. El ch\u00f3fer de Marevol la llev\u00f3 hasta los arrabales de Santo Domingo, donde viv\u00eda G\u00e9nova. Ni ella misma lograba explicarse c\u00f3mo logr\u00f3 de nuevo encontrar la casita entre el laberinto de callejuelas. Lo cierto es que lleg\u00f3, tarde, pues la reuni\u00f3n hab\u00eda durado m\u00e1s de lo previsto, pero lleg\u00f3.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 rico que viniste, linda, pens\u00e9 que no vendr\u00edas ya!\u00bb. Al ver el gran paquete en las manos de Saman\u00e1 se qued\u00f3 perpleja. \u00abYo quer\u00eda verte de nuevo, pero no ten\u00edas que traerme nada\u00bb. La pobre no sab\u00eda c\u00f3mo reaccionar. \u00abT\u00fa calla, tonta, no digas nada y abre el paquete, a ver si te gusta\u00bb. Iralis, su preciosa ni\u00f1ita de dos a\u00f1os, se aprest\u00f3 a ayudarla en la laboriosa tarea de abrir aquel paquet\u00f3n envuelto con tanto esmero. Poco a poco sus caras iban ilumin\u00e1ndose de alegr\u00eda. \u00abYo te regal\u00e9 un pa\u00f1o de esos\u00bb dijo F\u00e9lix. \u00ab\u00a1Ay, F\u00e9lix! \u00a1Yo lo perd\u00ed en el \u00faltimo traslado!\u00bb replic\u00f3 Geno, con la voz de una resignada esposa que de repente se ve\u00eda capaz, aunque fuera por unas horas, de escapar con su mente de las estrecheces y limitaciones que asfixiaban su diario vivir. Cada pieza de la vajilla que iba saliendo de la caja era motivo para un nuevo gritito de alborozo. \u00abLo cuidar\u00e9 mucho, para tenerlo enterito cuando vuelvas a vernos\u00bb.<\/p>\n<p>Cen\u00f3 un plato de <em>mole guand\u00fa<\/em>, o lo que es lo mismo un plato de arroz con lentejas, pimientos, ajos, cebolla, tomate y lo que all\u00ed llamaban verdura (una extra\u00f1a hierba parecida al perejil). Digo cen\u00f3, porque los pobrecitos ya hab\u00edan cenado, creyendo que ella no vendr\u00eda. Fue, en palabras de Saman\u00e1, un manjar exquisito. Cuando ya hab\u00eda terminado y se hallaban enfrascadas las dos en una animada conversaci\u00f3n, son\u00f3 el busca de F\u00e9lix. Aunque sab\u00eda que F\u00e9lix, como ingeniero, deb\u00eda poder estar localizable, no paraba de sorprenderle o\u00edr el pitido de un busca en medio de esa jungla de cosas b\u00e1sicas. Geno subi\u00f3 a la cabina a escuchar el mensaje. \u00abSaman\u00e1, era para ti, vienen a buscarte\u00bb.<\/p>\n<p>Vistieron a la ni\u00f1a y acompa\u00f1aron a Saman\u00e1 hasta salir del laberinto chabolista en el que habitaban. Llegaron a la calle grande. Ah\u00ed hab\u00eda un solar con mesitas y m\u00fasica que llamaban los Parag\u00fcitas. A su puerta la estaban esperando. Se despidi\u00f3 de esa tierna familia dominicana. \u00abNo llores, Geno\u00bb. \u00abEs que tal vez no vuelva a verte\u00bb. \u00abYa veras como s\u00ed y, aunque as\u00ed fuera, lo importante es que nos hayamos conocido y el cari\u00f1o que podamos habernos dado en estos d\u00edas, el resto lo decide el futuro, no nosotras\u00bb.<\/p>\n<p>Se subi\u00f3 al coche. \u00c9ste arranc\u00f3. A los pocos metros volvi\u00f3 a parar. Alfredo la mir\u00f3 con ojos encendidos de pasi\u00f3n y mientras pronunciaba un \u00abMe vuelves loco\u00bb, la bes\u00f3 ardientemente en los labios. Un beso que dur\u00f3 un infinito instante, una ef\u00edmera eternidad. Como dos traviesos escolares que hicieran novillos por primera vez, surcaban los dos las calles de Santo Domingo, sinti\u00e9ndose libres, sinti\u00e9ndose volar&#8230; Surcaban los mundos ignotos con la simple sensaci\u00f3n de total plenitud que llenaba sus almas. Ten\u00edan alas. Eran felices por el simple hecho de existir el uno junto al otro, de estar presentes, solos, el uno para el otro, solos para abandonarse a sus risas, a sus di\u00e1logos, a sus caricias, protegidos de cualquier mirada escrutadora por el omn\u00edmodo manto de la noche.<\/p>\n<p>La llev\u00f3 a otro jard\u00edn en el que hab\u00eda otra cueva subterr\u00e1nea, pero esta vez era inmensa, gigante, con el alto techo cargado de finas filigranas de roca, que cual delicados estambres parec\u00edan inclinarse suavemente hacia uno para repartir sus caricias. Estaba lleno de peque\u00f1as plataformas con mesas bajas que descend\u00edan en forma de cascada hacia una enorme pista de baile.<\/p>\n<p>Se sentaron en una terracita algo apartada. Quer\u00edan pasar desapercibidos, rodearse de un fino velo que los aislara del mundo. Buscaban soledad compartida en medio del gent\u00edo. Lo lograron. Para ella solo exist\u00edan \u00e9l y el Cielo, para \u00e9l solo ella y la Tierra. \u00a1Se dijeron tantas cosas con sus miradas! \u00a1Descubrieron tantos misterios con sus besos! \u00a1Abrieron tantas puertas con sus caricias! \u00a1Era tan infinitamente dulce besar, al tiempo que se sent\u00eda como el alma se escapaba hacia el otro ser bajo la forma de un suspiro&#8230;!<\/p>\n<p>La cogi\u00f3 de la mano y la sac\u00f3 a bailar. El acompasado juego de sus pies parec\u00eda reproducir alg\u00fan viejo ritual sagrado&#8230; Sus cuerpos eran uno bajo las estrellas de aquella cueva&#8230; Sus movimientos eran presa de un sortilegio divino que los envolv\u00eda y los transportaba a un templo de luz.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>Abr\u00e1zame como t\u00fa sab\u00edas hacerlo. D\u00e9jame que me convierta de nuevo en un trozo de tu carne&#8230; aunque solo sea por unas horas. Por favor, \u00e1breme tu coraz\u00f3n y d\u00e9jame tomar el n\u00e9ctar de tus venas e inhalar el aroma de tu piel. No opongas resistencia. He realizado un largo viaje para encontrarte&#8230; para tenerte de nuevo junto a m\u00ed. Y aunque he llegado tarde, d\u00e9jame que al menos por esta noche pueda creerme el embrujo de tu amor.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>Alfredo la estrech\u00f3 fuertemente contra s\u00ed, la levant\u00f3 por los aires y empez\u00f3 a girar. Se abandon\u00f3 a la dulce sensaci\u00f3n de dejarse pilotar, de permitir que sus piernas fueran livianas aspas de molino que rotaban al azar. Agradeci\u00f3 a los dioses por haber escuchado su \u00faltima plegaria. Fue recogiendo con su mente toda la energ\u00eda que iba generando su vuelo, la fue empaquetando, hasta hacer con ella un coraz\u00f3n de fuego que coloc\u00f3 en su frente, entre sus ojos. Con ese juramento renovaba su voto de amor. Pasara lo que pasara, su fuego seguir\u00eda siendo indeleble por los siglos de los siglos.<\/p>\n<p>Al alba fueron a pasear por el Malec\u00f3n. Estuvieron mucho tiempo abrazados, dej\u00e1ndose mecer por la m\u00fasica de las olas. \u00abHace casi veinte a\u00f1os que no ven\u00eda a pasear por aqu\u00ed&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<h1><span class=\"ez-toc-section\" id=\"v_el_inicio_de_la_despedida_por_lo_prohibido\"><\/span>V. El inicio de la Despedida por Lo Prohibido<span class=\"ez-toc-section-end\"><\/span><\/h1>\n<p>El d\u00eda siguiente fue el m\u00e1s duro de todos. Entraron a la empresa al poco de amanecer y salieron bajo un cielo negro tintero. Doce horas de negociaciones a puerta cerrada, en la que se discutieron cl\u00e1usulas, t\u00e9rminos, condiciones de desembolso, vencimientos, tipos de inter\u00e9s, rentabilidades, m\u00e1rgenes, a\u00f1os de carencia, garant\u00edas, hipotecas, exenciones fiscales, tasas, costes reales de la financiaci\u00f3n, capacidad de generaci\u00f3n de divisas, swaps de marcos a d\u00f3lares, requisitos legales, toma de participaci\u00f3n, dividendos, capitalizaci\u00f3n de reservas, valor real de las acciones, pacto de recompra, mercado de capitales, revisi\u00f3n de estatutos.<\/p>\n<p>Esa noche, su \u00faltima noche en el Caribe, iba a ser dif\u00edcil. Alfredo daba una fiesta en su casa por el D\u00eda de Acci\u00f3n de Gracias. Se puso sus mejores galas, un vestido largo negro, sencillo, pero elegante. Entr\u00f3 a su casa. Hab\u00edan llegado ya muchos de los invitados. Alfredo fue present\u00e1ndole a su t\u00eda, anciana dama con la que estuvo conversando un rato en \u00e1rabe, a su padre, a una hermana que estaba casada con un alem\u00e1n, a un hermano que estaba casado con una alemana, a unos vecinos, hasta que lleg\u00f3 a su esposa.<\/p>\n<p>Saman\u00e1 la mir\u00f3 a los ojos. Se sinti\u00f3 profundamente sorprendida de que ese instante, cuya sola evocaci\u00f3n tantas pesadillas le hab\u00eda producido la noche anterior, no le resultara en absoluto dif\u00edcil. Era extra\u00f1o. No sent\u00eda nada. Al menos nada negativo. Aunque ese ser que se encontraba ante ella era el impedimento material que el destino hab\u00eda colocado entre ella y su alma gemela por esta existencia, se resignaba a su suerte. En el fondo sinti\u00f3 ternura por ella. Era tan delgadita, tan finita, que parec\u00eda pedirle clemencia al viento con su suave voz para que no la arrancara del lugar donde hab\u00eda echado sus ra\u00edces.<\/p>\n<p>La cena transcurri\u00f3 cargada de risas en una preciosa terraza iluminada por las llamas de las estrellas.<\/p>\n<p>Al volver al hotel repitieron su juego por \u00faltima vez. Ella subi\u00f3 con todos a las habitaciones, para bajar de nuevo a los pocos minutos. Subi\u00f3 a su coche y se miraron. Sus ojos estaban recubiertos de un halo de nebulosa tristeza. \u00abHac\u00eda a\u00f1os que no sent\u00eda lo que hoy. He sentido celos\u00bb le dijo Alfredo. Ella se sonri\u00f3. Gracioso, ella que era la que deber\u00eda haber sentido celos, hab\u00eda pasado la noche intentando convertir su alma en un remanso de paz. En cambio, \u00e9l, que lo ten\u00eda todo, sent\u00eda celos. Ella sab\u00eda perfectamente porqu\u00e9. Al final de la noche, cuando casi todos los invitados hab\u00edan partido ya y s\u00f3lo quedaban los m\u00e1s trasnochadores api\u00f1ados en torno a una mesa, ella le hab\u00eda soltado una dulce broma a Matt y este, que estaba sentado junto a ella, le hab\u00eda rodeado suavemente los hombros con su brazo. Aunque no lo hab\u00eda hecho adrede, sinti\u00f3 como en carne propia el pu\u00f1al de los celos clavarse en el coraz\u00f3n de Alfredo, aquel hombre que sentado frente a ella se alejaba lentamente envuelto en una nube para nunca volver.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>Ha sido nuestra \u00faltima cita a ciegas. A partir de ahora los \u00e1ngeles del cielo te mantendr\u00e1n alejado de m\u00ed. Jiman\u00ed, sabes que seguir\u00e9 esperando hasta el final de los tiempos, pero, por favor, no tardes en volver a m\u00ed.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<h1><span class=\"ez-toc-section\" id=\"vi_el_hasta_pronto_sereno\"><\/span>VI. El Hasta Pronto Sereno<span class=\"ez-toc-section-end\"><\/span><\/h1>\n<p>Fue a la empresa a recoger los \u00faltimos documentos y despedirse de la gente. Entr\u00f3 al despacho del padre de Alfredo y este le dio un abrazo muy especial de despedida que adorn\u00f3 con un \u00abvuelve pronto\u00bb, directamente venido del coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Alfredo la acompa\u00f1\u00f3 al coche. En sus manos llevaba una enorme caja y un libro, envueltos ambos en papel de regalo. \u00abEl libro es de la empresa. La caja de mi parte. Ten cuidado, que es fr\u00e1gil\u00bb. Meti\u00f3 la caja en el coche, al tiempo que le dec\u00eda al ch\u00f3fer: \u00abManuel, lleve a la se\u00f1ora primero al Mercado Modelo y luego al aeropuerto\u00bb. Volvi\u00f3 a sacar el medio cuerpo del coche.\u00a0 Tom\u00f3 suavemente entre sus manos las mejillas de Saman\u00e1, las bes\u00f3 y tierna, muy tiernamente, desliz\u00f3 sus labios hasta rozar los de ella&#8230;<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>Te entiendo. Gracias por dejarme saber que, aunque tu cuerpo no es libre, tu mente y tus sentimientos s\u00ed lo son y ellos siguen perteneci\u00e9ndome en lo m\u00e1s profundo de tu Ser.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>Manuel la par\u00f3 en el mercado modelo y ah\u00ed estuvo comprando regalos y recuerdos de la Isla de las Mariposas: artesan\u00eda en barro, esculturas de caoba, instrumentos musicales para tocar merengue como maracas y tambores, piedras preciosas como el larimar y el \u00e1mbar&#8230; Luego regres\u00f3 a la ciudad colonial, directamente a una peque\u00f1a tienda que hab\u00eda descubierto el domingo por la ma\u00f1ana y en cuyo trastero hab\u00eda encontrado, rebuscando entre los viejos \u00f3leos a precio reducido, un precioso cuadro. No pod\u00eda volver a Europa dej\u00e1ndolo ah\u00ed. El cuadro la llamaba, le imploraba a trav\u00e9s de los \u00e1tomos del aire que lo llevara con ella, que \u00e9l le har\u00eda compa\u00f1\u00eda y la consolar\u00eda en sus d\u00edas l\u00fagubres con la m\u00e1gica armon\u00eda que emit\u00edan sus colores.<\/p>\n<p>Saliendo de la ciudad y a pocos kil\u00f3metros del aeropuerto quedaban los Tres Ojos. Hab\u00eda o\u00eddo hablar tanto de la belleza del paraje que rog\u00f3 a Manuel que se lo ense\u00f1ara. No hab\u00eda contado con que hab\u00eda que pagar y hab\u00eda gastado en sus compras hasta el \u00faltimo peso. \u00abNo importa, yo la invito\u00bb, dijo Manuel, \u00abdos entradas, por favor\u00bb y entr\u00f3 con ella. Realmente, tras una semana en la isla, deber\u00eda haber intuido de qu\u00e9 se trataba \u00bfqu\u00e9 pod\u00edan ser los Tres Ojos? \u00a1c\u00f3mo no! \u00a1cuevas! Se trataba de una enorme cueva circular, cuyo techo se hab\u00eda hundido hac\u00eda milenios, dejando al descubierto un c\u00edrculo de aire por el que penetraba exultante la luz del d\u00eda. Sus laterales segu\u00edan siendo viveros de estalactitas que perforaban la tierra en tres lugares. Esos tres ojos rebosaban agua cristalina, agua que brotaba poco a poco de las paredes y goteaba de los techos. La Tierra lloraba.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>Gracias destino por haberme mostrado una vez m\u00e1s, antes de pasar definitivamente la p\u00e1gina de esta existencia, el Lago Sagrado de la Gran Gruta. Volviendo aqu\u00ed antes de partir entiendo que me est\u00e1s susurrando al o\u00eddo la profec\u00eda. El me bes\u00f3 hace eones junto a este lago. Ahora puedo capturar el beso que me dio esta ma\u00f1ana y, olvidando que espacio y tiempo existen, trasladarlo hasta aqu\u00ed. El pasado se repite. Mi ciclo de b\u00fasqueda y espera vuelve a empezar.<\/p>\n<p>&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-19501 aligncenter\" src=\"https:\/\/mongonzalez.es\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/00_Mon-y-el-mar-Caribe-300x156.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"333\" srcset=\"https:\/\/mongonzalez.es\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/00_Mon-y-el-mar-Caribe-300x156.jpg 300w, https:\/\/mongonzalez.es\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/00_Mon-y-el-mar-Caribe-1024x533.jpg 1024w, https:\/\/mongonzalez.es\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/00_Mon-y-el-mar-Caribe-768x400.jpg 768w, https:\/\/mongonzalez.es\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/00_Mon-y-el-mar-Caribe.jpg 1183w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Relato nacido tras un viaje que realic\u00e9 a Rep\u00fablica Dominicana en 1994<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":19490,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[55,61],"tags":[],"class_list":["post-5536","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-moncreatividad","category-moncuentos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/mongonzalez.es\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5536","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/mongonzalez.es\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/mongonzalez.es\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/mongonzalez.es\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/mongonzalez.es\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5536"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/mongonzalez.es\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5536\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":25646,"href":"https:\/\/mongonzalez.es\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5536\/revisions\/25646"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/mongonzalez.es\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/19490"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/mongonzalez.es\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5536"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/mongonzalez.es\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5536"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/mongonzalez.es\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5536"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}<!-- BEGIN: XGlobal Link Keeper -->
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