En 2014 nos dimos cuenta de que las sillas y sillones que estaban en la casa del pueblo y que me habían acompañado desde 1996 por el mundo, necesitaban un poco de mimo.
Las siete mudanzas internacionales y el mucho uso habían desgastado la parte de los asientos.

Así que compramos una grapadora para tapizar; una tela de loneta fuerte que combinara con los colores del respaldo de sillas y sillones; y unos ribetes o vivos de tapicería que pudieran cubrir las grapas… y ¡manos a la obra!

¡A continuación os muestro el resultado!

