Gabriela Mistral: Una Mujer Que Amó

Con motivo del Día Internacional del Libro, el Centro Social de Mayores (CSM) de Londres me invitó nuevamente en 2011 a darles una conferencia. Ese año les hablé sobre Gabriela Mistral, la gran poetisa chilena, que empezó siendo maestra, luego fue diplomática, en 1945 obtuvo el Premio Nóbel de Literatura por su poesía, y fue una mujer de enorme sensibilidad a todos los niveles.

A continuación, reproduzco el texto de mi conferencia, que también puedes descargar aquí en pdf en castellano.

Ese año fue el primer año que también lo grabaron en video y lo subo aquí (parte 1, parte 2 y parte 3).

GABRIELA MISTRAL: UNA MUJER QUE AMÓ  

 

Homenaje a Artur Nils Lundkvist,

Laura Rodig, Palma Guillén y Doris Dana

 

 1. INTRODUCCIÓN

Gabriela Mistral fue la primera mujer a la que la historia ha dado un Premio Nobel de Literatura por su poesía, concretamente en 1945, y la primera persona iberoamericana en recibir ese galardón.

Este homenaje a Gabriela Mistral está dividido en cuatro partes (Gabriela maestra, Gabriela diplomática, Gabriela poetisa y su legado) en las que se intentará centrar la atención solo en una parte de su producción poética: la de la Gabriela que amó y, tangencialmente, la Gabriel mística moderna.

 

2. DESARROLLO

 

2.1. Gabriela Maestra: Amó a los niños y niñas a los que enseñaba y por cuyo futuro menos aciago luchaba

Gabriela Mistral es el pseudónimo literario de una mujer que nació como Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayata. Un pseudónimo que tomó de un escritor que ella adoraba: Frédéric Mistral, escritor del sur de Francia; que obtuvo el Premio Nóbel de Literatura en 1904; y que fue un hombre de extrema sensibilidad y apasionada lucha político-lingüística por dignificar su lengua, el occitano.

Gabriela nació en Vicuña, provincia de Elqui, región de Coquimbo, hacia el centro de la larga franja que es Chile, un 7 de abril de 1889. En Vicuña sigue habiendo un Museo en la casa que la vio nacer.

Gabriela comenzó a trabajar como profesora ayudante a los 16 años, en 1904, en la Escuela de la Compañía Baja en La Serena. Desde 1908 trabajó ya como maestra en la localidad de La Cantera y después en Los Cerrillos, camino a Ovalle. Y fue maestra, pese a que no había estudiado, pues no tenía dinero para ello. Fue otra autodidacta, como Miguel Hernández.

Posteriormente, en 1910, con 22 años, convalidó sus conocimientos ante la Escuela Normal N° 1 de Santiago y obtuvo el título oficial de Profesora de Estado, con lo que pudo ejercer la docencia en el nivel secundario. Este hecho le costó la rivalidad de sus colegas, ya que este título lo recibió mediante convalidación de sus conocimientos y experiencia, sin haber concurrido al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Gabriela empezó pronto a despertar envidias en los estamentos pedagógico-machistas que la rodeaban. Y nadie como ella ha encapsulado los mandamientos por los que se deben regir los maestros y maestras, como lo hizo Gabriela, en su “Decálogo del Maestro”:

 

DECÁLOGO DEL MAESTRO

AMA: Si no puedes amar mucho, no enseñes a niños

SIMPLIFICA: Saber es simplificar sin restar esencia.

INSISTE: Repite, como la naturaleza repite las especies hasta alcanzar la perfección.

ENSEÑA: Con intención de hermosura porque la hermosura es madre.

MAESTRO: Sé fervoroso. Para encender lámparas has de llevar fuego en tu corazón.

VIVIFICA tu clase. Cada lección ha de ser viva como un ser.

CULTÍVATE: Para dar, hay que tener mucho.

ACUERDATE: Que tu oficio no es mercancía, es un servicio divino.

ANTES de dictar tu lección cotidiana ve si tu corazón está puro.

PIENSA: En que Dios te ha puesto a crear el mundo de mañana.

 

Gabriela vivió y enseñó por medio Chile, desde Antofagasta, en el extremo norte, hasta el puerto de Punta Arenas en el extremo sur, donde dirigió su primer liceo y estimuló la vida de la ciudad. En 1921, con 32 años, la misma edad a la que Miguel Hernández moría en una prisión franquista alicantina, Gabriela Mistral aspiraba a un nuevo desafío, tras haber dirigido dos liceos de pésima calidad. Opositó y ganó el prestigioso puesto de directora del Liceo Nº6 de Santiago, pero los profesores no la recibieron bien, reprochándole su falta de estudios profesionales.

Ese ser incomprendida y desdeñada por los envidiosos varones que la rodeaban quizás fue lo que impelió definitivamente a Gabriela a dejar atrás su bienamado Chile natal, llegando a ser destacada educadora allende las fronteras de Chile. Y así el 23 de junio de 1922 Gabriela Mistral zarpó hacia México en el vapor Orcoma, invitada por el entonces ministro de Educación mexicano, José Vasconcelos. Allí permaneció casi dos años, trabajando con los intelectuales más destacados del mundo hispanoparlante en aquel entonces. Y después de ahí viajó por otros países de Iberoamérica, como República Dominicana, Cuba o Nicaragua, por EEUU y por Europa, estudiando las escuelas y métodos educativos de estos países.

 

2.2. Gabriela Diplomática

Estos viajes como Maestra del Mundo y Para el Mundo los fue alternando con sus inicios en la diplomacia. Así, a mediados de los años 20, tras una gira por Estados Unidos y Europa, volvió a Chile, donde la situación política era tan tensa que se vio obligada a partir de nuevo, esta vez para servir en Europa como secretaria de una de las secciones de la Liga de Naciones en 1926. Ese mismo año ocupó la secretaría del Instituto de Cooperación Internacional de la Sociedad de las Naciones, en Ginebra.

En 1933 Gabriela Mistral empezó formalmente su trayectoria diplomática y trabajó, durante un periodo de veinte años, como consulesa de Chile en ciudades de Europa y América, consecutivamente. Detrás de esta etapa, al menos en sus inicios, se puede ver la mano amiga de Pedro Aguirre Cerda, quien fue profesor en sus orígenes, titulado en Chile y con doctorado en la Sorbona; a quien Gabriela conoció en 1916; a quien Gabriela dedicó su poemario “Desolación”; a quien Gabriela inspiró a escribir el “Problema Agrario” (1929), libro que está dedicado a ella; quien había regresado definitivamente a Chile desde el exilio en 1930; y que fue presidente de Chile entre 1938 y 1944.

Gabriela Mistral empezó su carrera diplomática siendo Consulesa en Madrid entre julio de 1933 y octubre de 1935. Luego en octubre de 1935 fue designada Consulesa en Lisboa hasta mayo de 1936 que fue designada Consulesa en Oporto. Estuvo en Guatemala entre noviembre de 1936 y diciembre de 1938 como Consulesa General Honoraria y en Niza desde diciembre de 1938 a enero de 1940. En enero de 1940 es destinada a Niteroi (ciudad del estado de Rio de Janeiro, Brasil). Desde enero de 1941 se trasladó a Petrópolis (ciudad del mismo estado brasileño), ciudad en la que recibió la noticia del Premio Nóbel en 1945.

A finales de 1945 regresó a Estados Unidos, esta vez como Consulesa General en Los Ángeles (EEUU) y, con el dinero ganado con el premio, se compró una casa en Santa Bárbara (EEUU), donde es destinada como Consulesa en 1947. En junio de 1950 fue designada Consulesa en Veracruz (México) y desde noviembre de 1950 fue Consulesa primero y Consulesa General después (octubre de 1951) en Nápoles. En diciembre de 1952 fue designada Consulesa en Florida (EEUU). Y desde agosto de 1953 fue Consulesa Adscrita en Nueva York, cargo en el que permaneció hasta su muerte en 1957.

 

2.3. Gabriela Poetisa: Reina de la Literatura Iberoamericana y Mujer que Amó

 

2.3.1. Gabriela Poetisa: Reina y Embajadora de la Literatura Iberoamericana

El 12 de diciembre de 1914 obtiene el primer premio en el concurso de literatura de los Juegos Florales organizados por la Federación de Estudiantes de la Ciudad de Chile (FECh) en Santiago, por sus “Sonetos de la Muerte”.

Este poema aparece recogido en su primera obra, “Desolación”, aparecida en Nueva York en 1922 y publicada por el Instituto de Las Españas, a iniciativa de su director Federico de Onís. En mi opinión, es su obra maestra. No obstante, pese a ser un libro hecho con muy buena voluntad por el director del Instituto de las Españas, con el deseo sincero de darla a conocer al mundo, creo que carece, en su estructura, de coherencia y  de lógica.

En 1924, dos años después, cuando Gabriela contaba 33 años, vio la luz su segundo poemario: “Ternura”. En 1938, a los 49 años, publicó “Tala”, su tercer poemario. Y en 1954, a los 65 años, publicó su cuarto y ultimo poemario: “Lagar”.

Entre su tercer y cuarto poemario, el 10 de diciembre de 1945, a sus casi 57 años, recibió el Premio Nobel de Literatura de manos del Rey Gustavo V de Suecia. Se trataba de la quinta mujer en la historia de los Premios Nobeles de Literatura desde el inicio de la andadura de estos premios en 1901 que lo recibía [las cuatro que la precedieron fueron: la sueca Selma Langerlöf en 1909; la italiana Grazia Deledda en 1926; la noruega nacida en Dinamarca Sigrid Undset en 1928;y la estadounidense criada en China Peral S. Buck en 1938], pero fue la primera mujer que lo recibió exclusivamente por su poesía, concretamente, como dijeron en aquel acto de entrega: “por su poesía lírica que, inspirada por poderosas emociones, ha convertido su nombre en un símbolo de las aspiraciones idealistas de todo el mundo latinoamericano”.

Gabriela fue la primera persona iberoamericana en recibir un Nobel de Literatura. El que esa primera persona fuera una mujer fue algo que muchos hombres jamás le perdonaron. En la ceremonia de entrega del galardón se la llamó «reina de la literatura latinoamericana». Dado que el término “latinoamericana” es un galicismo inventado por los franceses para intentar marcar su influencia en las Américas, se prefiere emplear la palabra “iberoamericana”, por eso la llamo en este epígrafe “Reina de la Literatura Iberoamericana”, en honor de esa comunidad iberoamericana, que nos une a Iberia y a América, y que se ha ido articulando desde principios de los 90, en puro espíritu mistraliano, bajo el paraguas de las Cumbres Iberoamericanas: la I en 1991 en Guadalajara, México, país en que Gabriela fue mejor y más justamente venerada;  y la VI en 1996 y la XVII en 2007 en su Chile natal. Y siendo como fue diplomática media vida, le habría encantado que la hubieran llamado, ella que fue Consulesa General, pero nunca Embajadora: “Embajadora de la Literatura Iberoamericana”, que es lo que yo creo firmemente que ella fue.

Se quiere también rendir aquí también sentido homenaje a Artur Nils Lundkvist (1906-1991), poeta y escritor sueco, miembro de número de la Academia sueca de la Lengua desde 1968, pacifista convencido durante la dura Guerra Fría y que fue quien tradujo, pues había aprendido español y francés de manera autodidacta y con diccionarios, a todos los grandes literatos al sueco, gracias a lo cual la academia les fue dando el Nobel. En 1936, junto a su esposa, la también poetisa sueca María Wine, había visitado España e Iberoamérica. Lo que poca gente sabe es que él fue el primero que tradujo a Gabriela Mistral al sueco y que fue gracias a su traducción y lucha, que Gabriela Mistral consiguió el Nobel, pues los traductores, aunque sean autodidactas como este caballero, pueden hacer milagros y saltar abismos. Ambos, Gabriela y Artur, compartían el ser poetas, pacifistas y espirituales. Tanto Pablo Neruda, como Gabriel García Márquez, como Camilo José Cela, le agradecieron expresamente su Nobel. De hecho, desde que él murió en 1991, nadie más tradujo al sueco por mucho tiempo y de ahí que tardaran diez años en volver a dar a un hispanohablante un Nobel. Agradezco a Gerardo Hernández Roa, profesor chileno afincado en Suecia desde la década de 1980, la información sobre Lundkvist.

 

2.3.2. Gabriela: Mujer Grande que Amó a Todos y a Todas las Personas, y a la Humanidad Entera

2.3.2.1. Gabriela Amó a Hombres

Se hablará aquí de tres hombres con nombres y apellidos. Los amores que Gabriela profesó por ellos son difícilmente clasificables, pues ninguno fue su esposo oficial. Eso sí, los tres tienen un hilo conductor común: los tres se suicidaron.

2.3.2.1.1. Romelio Ureta: su amor de juventud

Y aunque Gabriela Mistral fue muy cuidadosa con su vida personal y se sabe poco de los amores o desamores que tuvo, lo que sí señalan muchos estudiosos es que tras “Desolación” hay un gran desamor. Y en concreto detrás de “Sonetos de la Muerte”, su primer poema premiado e incluido en su primer poemario “Desolación”, estaría un hombre. Esto lo confirma un estudio de Ana María Cuneo recogido en la Antología sobre Gabriela Mistral que las 22 Academias de la Lengua Española publicaron a título conmemorativo en 2010.  Ana Cuneo dice en su ensayo –y cito textualmente-: “Lucila conoció a Romelio Ureta en 1906 en La Serena, donde él trabajaba en ferrocarriles… Poco después se encontraron en una pensión en La Cantera donde ella era maestra… En noviembre de 1909 Ureta se suicidó por motivos de dinero”.

Y sabemos que el poema “Sonetos de la Muerte” fue premiado en 1914, pero desconocemos, por la premura con que fue editada “Desolación”, el año exacto en que ese poema fue escrito, pero pudo bien haber sido tras ese suicidio de Romelio en 1909.

En 1914 cuando este poema fue premiado, Miguel Hernández tenía solo cuatro años, pero quizás Miguel Hernández lo leyó. ¡Recuerda tanto a su “Elegía por Ramón Sijé”! Nunca se sabrá a ciencia cierta si Gabriela lo inspiró, pero si en La Serena había rosas, en Alicante almendros en flor.

SONETOS DE LA MUERTE

I

Del nicho helado en que los hombres te pusieron,

te bajaré a la tierra humilde y soleada.

Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,

y que hemos de soñar sobre la misma almohada.

 

Te acostaré en la tierra soleada con una

dulcedumbre de madre para el hijo dormido,

y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna

al recibir tu cuerpo de niño dolorido.

 

Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas,

y en la azulada y leve polvareda de luna,

los despojos livianos irán quedando presos.

 

Me alejaré cantando mis venganzas hermosas,

¡porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna

bajará a disputarme tu puñado de huesos!

 

II

Este largo cansancio se hará mayor un día,

y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir

arrastrando su masa por la rosada vía,

por donde van los hombres, contentos de vivir…

 

Sentirás que a tu lado cavan briosamente,

que otra dormida llega a la quieta ciudad.

Esperaré que me hayan cubierto totalmente…

¡y después hablaremos por una eternidad!

 

Sólo entonces sabrás el por qué no madura,

para las hondas huesas tu carne todavía,

tuviste que bajar, sin fatiga, a dormir.

 

Se hará luz en la zona de los sinos, oscura;

sabrás que en nuestra alianza signo de astros había

y, roto el pacto enorme, tenías que morir…

 

III

Malas manos tomaron tu vida desde el día

en que, a una señal de astros, dejara su plantel

nevado de azucenas. En gozo florecía.

Malas manos entraron trágicamente en él…

 

Y yo dije al Señor: «Por las sendas mortales

le llevan. ¡Sombra amada que no saben guiar!

¡Arráncalo, Señor, a esas manos fatales

o le hundes en el largo sueño que sabes dar!

 

¡No le puedo gritar, no le puedo seguir!

Su barca empuja un negro viento de tempestad.

Retórnalo a mis brazos o le siegas en flor».

 

Se detuvo la barca rosa de su vivir…

¿Que no sé del amor, que no tuve piedad?

¡Tú que vas a juzgarme, lo comprendes, Señor!

 

2.3.2.1.2. Stefan Zweig: su gran amigo

Stefan Zweig -hijo de padres judíos, escritor austríaco nacido en Viena, uno de los escritores más lúcidos de la Europa de entreguerras, aunque sus libros fueron prohibidos por el nazismo en 1936, y gran amigo de Gabriela- vivía desde 1941 también en Petrópolis, a donde llegó con su segunda esposa, Charlotte Elisabeth Altman, huyendo del nazismo alemán. El 22 de febrero de 1942, Stefan y su esposa, desesperados creyendo que el nazismo ocuparía el mundo, se suicidan en Petrópolis.

 

2.3.2.1.3. Juan Miguel Pablo Godoy Mendoza: su hijo adoptivo: SU HIJO

Conocido cariñosamente como “Yin yin”, este muchacho debió nacer entre mayo y junio de 1925. El árbol genealógico que se encuentra en internet explica su filiación directa como hijo de un primo hermano de Gabriela, Carlos Godoy, que era marino mercante; y Marta Mendoza, quien había muerto en Ginebra en 1926.  Gabriela Mistral lo adopta en Barcelona en marzo de 1926 y lo cría y quiere como hijo suyo. El niño la sigue desde entonces por el mundo. El 14 de agosto de 1943, estando Gabriela en Petrópolis (Brasil), su hijo se suicida, recién cumplidos los 18 años. El tercer suicido de gente querida y cercana para Gabriela en año y medio. El siguiente poema, “La abandonada”, recogido en su poemario “Lagar”, bien puede haber sido escrito tras ese suicidio y está dedicado a “Emma Godoy”, probablemente otra prima suya, hermana del padre biológico del niño, y tía de Yin yin.

 

LA ABANDONADA

   Ahora voy a aprenderme

el país de la acedía,

y a desaprender tu amor

que era la sola lengua mía,

como río que olvidase

lecho, corriente y orillas.

 

¿Por qué trajiste tesoros

si el olvido no acarrearías?

Todo me sobra y yo me sobro

como traje de fiesta para fiesta no habida;

¡tanto, Dios mío, que me sobra

mi vida desde el primer día!

 

Denme ahora las palabras

que no me dio la nodriza.

Las balbucearé demente

de la sílaba a la sílaba:

palabra «expolio», palabra «nada»,

y palabra «postrimería»,

¡aunque se tuerzan en mi boca

como las víboras mordidas!

 

Me he sentado a mitad de la Tierra,

amor mío, a mitad de la vida,

a abrir mis venas y mi pecho,

a mondarme en granada viva,

y a romper la caoba roja

de mis huesos que te querían.

 

Estoy quemando lo que tuvimos:

los anchos muros, las altas vigas,

descuajando una por una

las doce puertas que abrías

y cegando a golpes de hacha

el aljibe de la alegría.

 

Voy a esparcir, voleada,

la cosecha ayer cogida,

a vaciar odres de vino

y a soltar aves cautivas;

a romper como mi cuerpo

los miembros de la «masía»

y a medir con brazos altos

la parva de las cenizas.

 

¡Cómo duele, cómo cuesta,

cómo eran las cosas divinas,

y no quieren morir, y se quejan muriendo,

y abren sus entrañas vívidas!

Los leños entienden y hablan,

el vino empinándose mira

y la banda de pájaros sube

torpe y rota como neblina.

 

Venga el viento, arda mi casa

mejor que bosque de resinas;

caigan rojos y sesgados

el molino y la torre madrina.

¡Mi noche, apurada del fuego,

mi pobre noche no llegue al día!

 

Y un gran amor de juventud que se suicida, como el de Romelio; más el suicidio de un gran amigo escritor y su esposa; más el suicidio de su hijo, adoptivo, indefectiblemente deja hondas secuelas. Y no es que una lo haya buscado, simplemente hay personas a las que, por desgracia, les toca vivir vidas especialmente duras. Jugarretas del destino. Aciago destino. Y el de Gabriela fue uno de ellos.

 

2.3.2.2. Gabriela Amó a Mujeres

Se hablará aquí de tres mujeres con nombres y apellidos. Los amores que Gabriela profesó por ellas son difícilmente clasificables, pues ninguna fue su esposa oficial. Eso sí, las tres tienen un hilo conductor común: las tres la acompañaron vitalmente y la apoyaron.

 

2.3.2.2.1. Laura Rodig

A partir del suicidio de su primer amor, a Gabriela ya no la acompañaron en sus viajes y trayectoria vital muchos hombres, sino que prefirió rodearse del cariño sanador de mujeres. La primera de la que se conservan nombres y apellidos es Laura Rodig. Gabriela había conocido a Laura Rodig en Punta Arenas en 1918. Laura siguió a Gabriela en 1922 hacia México a bordo del Orcota.

Gabriela le dedicó ya en vida el poema que abre “Desolación” a la mujer que entonces, probablemente, compartía vida con ella: Laura Rodig. Y eso es lo fundamental: compartir vida. Y este poema abre la primera de las ocho partes en que está dividida “Desolación”. Una primera parte que se llama “Vida”.

EL PENSADOR DE RODIN

Con el mentón caído sobre la mano ruda,

el Pensador se acuerda que es carne de la huesa,

carne fatal, delante del destino desnuda,

carne que odia la muerte, y tembló de belleza.

 

Y tembló de amor, toda su primavera ardiente,

y ahora, al otoño, anégase de verdad y tristeza.

El «de morir tenemos» pasa sobre su frente,

en todo agudo bronce, cuando la noche empieza.

 

Y en la angustia, sus músculos se hienden, sufridores.

Cada surco en la carne se llena de terrores.

Se hiende, como la hoja de otoño, al Señor fuerte

 

que le llama en los bronces… Y no hay árbol torcido

de sol en la llanura, ni león de flanco herido,

crispados como este hombre que medita en la muerte.

 

2.3.2.2.2. Palma Guillén

Palma Guillén fue otra amiga de Gabriela. Gabriela le dedica su tercer poemario, el publicado en 1938, “Tala”. La hermosísima dedicatoria de ese libro dice textualmente: “A Palma Guillén, y en ella, a la piedad de la mujer mexicana”. Se sabe que Palma adoptó al hijo de Gabriela y ambas lo criaron juntas. Y ambas estaban juntas en Petrópolis cuando el joven se suicidó.

 

2.3.2.2.3. Doris Dana

La última compañera que estuvo junto a Gabriela desde 1946 hasta la muerte de Gabriela en 1957, es decir, sus últimos once años de vida, Doris Dana, fue también quien preservó su legado más valioso. Cuando se conocieron Doris tenía 26 años y Gabriela 57 años, 31 años de diferencia.

Doris fue otra gran mujer: la primera profesional de su género en redactar un programa de reeducación para la Alemania de posguerra en 1945. El mismo año en que Gabriela obtuvo el Nobel.

El más importante legado mistraliano es el que Doris Dana recopiló incansablemente, sobre todo a partir de que notó que Gabriela se iba. Doris Dana ya en esa época era consciente no sólo de que la existencia de Gabriela Mistral era finita debido a la diabetes y a los problemas de corazón que Gabriela padecía, sino de que Gabriela sería muy grande algún día.

Por ello Doris comenzó hacia principios de los años 50 un minucioso registro de cada conversación que tenía con la poetisa. Además, acumuló sus cartas y miles de ensayos literarios que, habiendo sido escritos por una mujer de tan gran visión y sensibilidad, son auténticas joyas.

Cuando Gabriela murió en el Hospital de Hempstead en Nueva York un 10 de enero de 1957 a causa de un cáncer de páncreas, estando junto a ella Doris Dana, Gabriela sabía que su legado quedaba en manos de la mejor albacea del mundo. Ese legado construido con amor, por y para el amor, lo retuvo Doris hasta su muerte en noviembre de 2006.

 

2.3.2.2.4. Especulaciones sobre lesbianismo

Ha habido mucha especulación sobre si Gabriela Mistral fue lesbiana en una época en que el lesbianismo y la homosexualidad eran mal comprendidos.

En la actualidad, al menos en Europa, eso está superado. En España, la histórica Ley 13/2005 de 1 de julio por la que se modifica el Código Civil en Materia de Derecho a Contraer Matrimonio, hizo que fuera el tercer país europeo, tras Bélgica y Holanda, que autorizaba que lesbianas y homosexuales contrajeran matrimonio, si así lo deseaban. En términos de derechos civiles fue toda una revolución, una fantástica revolución.

¿Y qué hizo Gabriela en la cama, si es que la compartió, con las mujeres que la acompañaron en su vida? Pues que hiciera lo que le viniera en gana. Si Gabriela y Doris, o Gabriela y Palma, o Gabriela y Laura hicieron en su tiempo libre algo tachable de promiscuo, allá ellas.

Aunque en vida de Gabriela corrieron rumores en Chile de su supuesta relación lésbica con Doris, y cuentan que esos rumores llegaron a oídos de Gabriela y que ésta, dolida, decidió no volver a establecerse en su patria, prefiriendo permanecer en los Estados Unidos, lo que sí es cierto es que Doris negó, hasta el final de sus días, que entre ellas hubiera existido una relación lésbica.

Por eso, se considera que el libro que se publicó en Chile en 2009 sobre Doris y Gabriela es innoble. Ese libro está titulado “Niña Errante” y fue publicado por la editorial Lumen de Chile, con trascripción, prólogo y notas de Pedro Pablo Zegers, conservador del Archivo del Escritor de la Biblioteca Nacional de Chile, sobre la base de 250 cartas que Zegers escogió de la correspondencia entre Gabriela y Doris, esa misma correspondencia que Doris había conservado honrosamente hasta su muerte y que no había llegado a Chile hasta finales de 2007. Ese libro se puede valorar como una afrenta a la dignidad, aunque solo sea porque permite entresacar estas citas de palabras que Gabriela dirige a Doris y que desde 2009 inundan la parte malsana de la red: «Doris, yo estoy en Estados Unidos por ti»; «Soy tuya en todos los lugares del mundo y del cielo»; y «Tal vez fue locura muy grande entrar en esta pasión».

Y para intentar demostrar lo que se afirma, se reproduce a continuación un poema de una gran poetisa dominicana; profesora universitaria en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD); madre de dos hijas y abuela de cuatro nietos; desde hace un tiempo lesbiana; y que ha publicado en recopilaciones lésbicas. En su poema “Mujeres…” del poemario “Éxtasis Mágico” se puede apreciar la diferencia en el tono entre el Amor de Madre del Mundo de Gabriela o el Amor de Mujer del Mundo de Nelsy Aldebot Reyes.

 

MUJERES…

 

Mujeres bellas

llenas de fuego y vigor

ojos grandes, sensuales

jugando al baile del amor

danzando libremente

alzando el vuelo…

 

Fuego interno

libertad para fluir

juntas, solas, con otras…

 

Mujeres danzantes, amantes

girando

en un mágico baile de pañuelos

cabelleras, caderas…

 

Volando, flotando,

sin obstáculos

sin tropiezos

sin límites…

 

Sueño erótico

fantasía exótica

fluyendo por mar y viento

recogiendo energía terrenal

transformándome en

mujer rica, bella

erótica, sensual…

 

2.3.2.3. Gabriela Amó a Todas las Mujeres

Pero Gabriela no sólo amó a dos o tres mujeres, sino que amó y comprendió a todas las mujeres del mundo, como deja claro el “Poemas de la Madre más Triste”.

POEMAS DE LA MADRE MÁS TRISTE

ARROJADA

Mi padre dijo que me echaría, gritó a mi madre que me arrojaría esta misma noche.

La noche es tibia; a la claridad de las estrellas, yo podría caminar hasta la aldea más próxima; pero ¿y si nace en estas horas? Mis sollozos le han llamado tal vez; tal vez quiera salir por ver mi cara con lágrimas. Y tiritaría bajo el aire crudo, aunque yo lo cubriera.

¿PARA QUÉ VINISTE?

¿Para qué viniste? Nadie te amará aunque eres hermoso, hijo mío. Aunque sonríes graciosamente, como los demás niños, como el menor de mis hermanitos, no te besaré sino yo, hijo mío. Y aunque tus manitas se agiten buscando juguetes, no tendrás para tus juegos sino mi seno y la hebra de mis lágrimas, hijo mío.

¿Para qué viniste, si el que te trajo te odió al sentirte en mi vientre?

¡Pero no! Para mí viniste; para mí que estaba sola, ¡sola hasta cuando me oprimía él entre sus brazos, hijo mío!

 

Y este “Poemas de la Madre Más Triste”, que es la segunda parte del “Poema de las Madres”, tiene un subtexto que como entonces no existía la palabra todavía, Gabriela llamaba, modestamente, como todo lo suyo, “nota” y que explica la génesis del poema.

 

NOTA.– Una tarde, paseando por una calle miserable de Temuco, vi a una mujer del pueblo, sentada a la puerta de su rancho. Estaba próxima a la maternidad, y su rostro revelaba una profunda amargura.

Pasó delante de ella un hombre, y le dijo una frase brutal, que la hizo enrojecer.

Yo sentí en ese momento toda la solidaridad del sexo, la infinita piedad de la mujer para la mujer, y me alejé pensando:

-Es una de nosotras quien debe decir (ya que los hombres no lo han dicho) la santidad de este estado doloroso y divino. Si la misión del arte es embellecerlo todo, en una inmensa misericordia, ¿por qué no hemos purificado, a los ojos de los impuros, esto?

Y escribí los poemas que preceden, con intención casi religiosa.

Algunas de esas mujeres que para ser castas necesitan cerrar los ojos sobre la realidad cruel, pero fatal, hicieron de estos poemas un comentario ruin, que me entristeció, por ellas mismas. Hasta me insinuaron que los eliminase de un libro.

En esta obra egotista, empequeñecida a mis propios ojos por ese egotismo, tales prosas humanas tal vez sean lo único en que se canta la Vida total. ¿Había de eliminarlas?

¡No! Aquí quedan, dedicadas a las mujeres capaces de ver que la santidad de la vida comienza en la maternidad, la cual es, por lo tanto, sagrada. ¡Sientan ellas la honda ternura con que una mujer que apacienta por la Tierra los hijos ajenos, mira a las madres de todos los niños del mundo!

 

La primera parte del “Poemas de Las Madres” consta de 17 nanorelatos poéticos, entre los que se desea destacar “Al Esposo”, escrito por una mujer que decidió no casarse nunca, y que bien podría enseñar a todos los hombres del mundo cómo quiere una mujer realmente ser amada por su esposo durante un embarazo.

 

AL ESPOSO

Esposo, no me estreches. Lo hiciste subir del fondo de mi ser como un lirio de aguas. Déjame ser como un agua en reposo.

¡Ámame, ámame ahora un poco más! Yo, ¡tan pequeña!, te duplicaré por los caminos. Yo, ¡tan pobre!, te daré otros ojos, otros labios, con los cuales gozarás el mundo; yo, ¡tan tierna!, me hendiré como un ánfora por el amor, para que este vino de la vida se vierta de mí.

¡Perdóname! Estoy torpe al andar, torpe al servir tu copa; pero tú me henchiste así y me diste esta extrañeza con que me muevo entre las cosas.

Séme más que nunca dulce. No remuevas ansiosamente mi sangre; no agites mi aliento.

¡Ahora soy sólo un velo; todo mi cuerpo es un velo bajo el cual hay un niño dormido!

 

2.3.2.4. Gabriela Amó a Todos los Pueblos

Como botón de muestra de que Gabriel siempre tuvo conciencia política y de que amaba a toda la humanidad, se desea destacar un poema que escribió “Al pueblo hebreo” tras las Matanzas de Polonia, incluido en su poemario “Desolación”, también, por desgracia, sin fechar.

 

AL PUEBLO HEBREO

Raza judía, carne de dolores,

raza judía, río de amargura:

como los cielos y la tierra, dura

y crece aún tu selva de clamores.

 

Nunca han dejado orearse tus heridas;

nunca han dejado que a sombrear te tienda

para estrujar y renovar tu venda,

más que ninguna rosa enrojecida.

 

Con tus gemidos se ha arrullado el mundo.

Y juego con las hebras de tu llanto.

Los surcos de tu rostro, que amo tanto,

son cual llagas de sierra de profundos.

 

Temblando mecen su hijo las mujeres,

temblando siega el hombre su gavilla.

En tu soñar se hincó la pesadilla

y tu palabra es sólo el ¡»miserere»!

 

Raza judía, y aun te resta pecho

y voz de miel, para alabar tus lares,

y decir el Cantar de los Cantares

con lengua, y labio, y corazón deshechos.

 

En tu mujer camina aún María.

Sobre tu rostro va el perfil de Cristo;

por las laderas de Sión le han visto

llamarte en vano, cuando muere el día…

 

Que tu dolor en Dimas le miraba

y Él dijo a Dimas la palabra inmensa

y para ungir sus pies busca la trenza

de Magdalena ¡y la halla ensangrentada!

 

¡Raza judía, carne de dolores,

raza judía, río de amargura:

como los cielos y la tierra, dura

y crece tu ancha selva de clamores!

 

Se dice que Dana Doris era judía. Si fuera cierto habrá sido una mujer judía la que ayudó a honrar su legado.

 

2.4. Gabriela Artista y Mística Moderna

2.4.1. Gabriela Artista

Gonzalo Rojas es de los pocos autores que no solo le perdona a Gabriela su “mal gusto” por hablar de cosas íntimas y personales, sino que la ensalza. Gonzalo ha dicho de Gabriela, en la Antología de las Academias, que lo de Gabriela es: “veracidad de sentimiento, desgarrón afectivo, casi quevediano…visionaria…austeridad al fondo del gran pathos…lo volcánico y hasta lo frenético, pero a la vez el rigor… no se encandiló con las vanguardias sino más bien se quedó oyendo sin prisa la lengua oral de sus paisanos de América con arcaísmos y murmullos, como Teresa de Ávila, y así nos dijo el mundo entre adivina y desdeñosa”.

Gabriela fue una Artista con mayúsculas, pues concebía y veneraba el arte libre de mercantilismos. Sólo un alma grande puede legarnos el siguiente “Decálogo del Artista”, la parte “IV” romanos, de un poema suyo “El Arte” de la séptima parte de “Desolación”, parte titulada “Prosa”.

DECÁLOGO DEL ARTISTA

I. Amarás la belleza, que es la sombra de Dios sobre el Universo.

II. No hay arte ateo. Aunque no ames al Creador, lo afirmarás creando a su semejanza.

III. No darás la belleza como cebo para los sentidos, sino como el natural alimento del alma.

IV. No te será pretexto para la lujuria ni para la vanidad, sino ejercicio divino.

V. No la buscarás en las ferias ni llevarás tu obra a ellas, porque la Belleza es virgen, y la que está en las ferias no es Ella.

VI. Subirá de tu corazón a tu canto y te habrá purificado a ti el primero.

VII. Tu belleza se llamará también misericordia, y consolará el corazón de los hombres.

VIII. Darás tu obra como se da un hijo: restando sangre de tu corazón.

IX. No te será la belleza opio adormecedor, sino vino generoso que te encienda para la acción, pues si dejas de ser hombre o mujer, dejarás de ser artista.

X. De toda creación saldrás con vergüenza, porque fue inferior a tu sueño, e inferior a ese sueño maravilloso de Dios, que es la Naturaleza.

 

2.4.2. Gabriela Mística Moderna

Quizás porque la mayoría de los hombres nunca entendieron la parte mística y divina de las mujeres, o de otros hombres, esas y esos que sí utilizan la parte derecha de su cerebro y no sólo la mitad racional izquierda, quizás por eso les sorprende, como a Gonzalo Rojas, que a Gabriela Mistral le apasionara Amado Nervo y le dedicara una elegía post-mortem titulada “In Memoriam”. Y Rojas se pregunta en la Antología de 2010, y cito: “¿qué pudo fascinarla en él salvo el culto del ocultismo y del esoterismo?”. Y yo estimo que, precisamente porque Rojas es incapaz de conectar con esa parte mística, se permite escribir esos comentarios. Y por eso, pese a ser Rojas uno de los grandes de la literatura chilena e iberoamericana, uno que se codea con Pablo Neruda, parece incapaz de entender y venerar la mística femenina.

No olvidemos que en “Desolación” original Gabriela no solo alababa la mística de Nervo, sino que había un bellísimo poema en prosa titulado: “Comentarios a Poemas de Rabindranath Tagore” y Tagore fue el primer hombre no europeo (era indio de la India) en llevarse un Nobel de Literatura; lo consiguió en fecha tan temprana como 1913, mientras que ningún estadounidense lo lograría hasta 1930 y ningún africano hasta 1986; y consiguió ese Premio Nóbel precisamente por su poesía mística.

A continuación, se reproducen su poema “El Suplicio”, que encierran su maldición de mística y visionaria.

 

EL SUPLICIO

Tengo ha veinte años en la carne hundido

—y es caliente el puñal—

un verso enorme, un verso con cimeras

de pleamar.

 

De albergarlo sumisa, las entrañas

cansa su majestad.

¿Con esta pobre boca que ha mentido

se ha de cantar?

 

Las palabras caducas de los hombres

no han el calor

de sus lenguas de fuego, de su viva

tremolación.

 

Como un hijo, con cuajo de mi sangre

se sustenta él,

y un hijo no bebió más sangre en seno

de una mujer.

 

¡Terrible don! ¡Socarradura larga

que hace aullar!

El que vino a clavarlo en mis entrañas

¡tenga piedad!

 

Para honrar la faceta mística de Gabriela Mistral, se transcribe un poema de un hombre que puede ser considerado el mejor poeta diplomático español de todos los tiempos: el vasco Ramón de Basterra y Zabala.

 

LLAMA ROMANCE

       LOS ASCETAS

Castilla, la Tebaida ardiente.

Con el sayal de penitente

y el cordón pío en la cintura,

seres de brasa, almas de fuego,

moran el místico sosiego,

vueltos los rostros a la altura.

 

Huyendo lo dulce y lo tierno

se hunden audaces en lo eterno,

sin esposa, madre, ni hermana.

Narran las caras de la luna,

los astros de la noche bruna,

la grandeza de Dios arcana.

 

De la paz de las almas bellas

y armonía de las estrellas,

Cristo armonioso es el agente.

El orden del mundo previsto

es Cristo, Cristo, Cristo, Cristo.

Castilla, la Tebaida ardiente.

 

Y Gabriela, pese a no ser castellana, fue “un alma de fuego” “mística” que “huyó de lo dulce y lo tierno” para exaltar las injusticias del mundo. Gabriela fue ante todo la gran mística del siglo XX en lengua española y, por ende, una gran incomprendida.

Y Ramón de Basterra tampoco fue profeta en su tierra. Murió en 1928 a los cuarenta años en un psiquiátrico vasco.

 

2.5. Tampoco Gabriela, Como no lo Ha Sido Nunca Ninguna Mujer en Vida, Fue “Profeta” ni “en su Tierra” (Chile), ni en su Feudo (la Poesía)

El tiempo fue entre tanto sanando las heridas de un Chile convulso y para cuando Doris Dana murió en noviembre de 2006 y su sobrina Doris Atkinson le donó al Gobierno de Chile el legado completo de Gabriela Mistral, como la Magia existe y las Américas son mágicas, para entonces una mujer, otra grandísima mujer, era ya presidenta de Chile: Michelle Bachelet.

Para cuando el legado de Gabriela Mistral, más de 40.000 documentos, amorosamente recopilado por Doris Dana, llegó a Chile en diciembre de 2007, ya Michelle era presidenta y el legado de Gabriela pudo ser acogido en su justa medida. Ese legado está actualmente en los archivos de la Biblioteca Nacional de Chile.

Pero acoger un legado acabándose ya el año 2007, de una mujer que murió en 1957, no es sinónimo de honrar. Como tampoco fue honrarla aquel Premio Nacional de Literatura, que, a desgana y con rezago, le dieron en Chile en 1951, seis años después del Nobel. Ni aquel primer doctorado honoris causa que la Universidad de Chile le dio en 1954, también a desgana y con rezago, tras los muchos que ya para entonces había recibido, empezando por el que valientemente le otorgó el Mills Collage de Oakland (California, EEUU) en 1947 y al que siguieron doctorados honoris causa de Universidades de Guatemala, Los Ángeles (California, EEUU) o Florencia (Italia), sólo por citar algunos de la avalancha que siguió a la concesión del Nobel.

No obstante, Chile aún no ha valorado en su justa medida la joya que nació de sus entrañas: Gabriela Mistral, y el mundo iberoamericano, incluido el español, tampoco, pese a esa “Antología Homenaje” de 2010, llena de análisis de grandes expertos, pero en la que se echa en falta un índice que liste no solo los análisis de los expertos, sino. sobre todo, los poemas de Gabriela.

En contraposición, el mundo grande, el mundo amplio, el mundo no iberoamericano, ese mundo escandinavo, ese mundo anglosajón, ese mundo global sí sabe lo que vale Gabriela, pues a pesar de no hablar español en muchos casos, y perderse por ende la mejor Gabriela, a pesar de todo ello, sí supieron intuirla, valorarla y honrarla como se merece: con el Premio Nobel de Literatura de un 10 de diciembre de un año 1945.

El mismo año, 1945, en que un 2 de septiembre, se había puesto fin oficialmente a la mayor barbarie que había conocido hasta ese momento la humanidad: la Segunda Guerra Mundial. Y quien sabe si ese Nobel precisamente en 1945 no fuera un acto mediante el cual el Mundo lavaba su “karma” [concepto indio de la India, que no hinduista, pues lo comparten con jainstas y budistas, que viene a significar las “deudas vitales pendientes de pago”] para con las Mujeres del Mundo por la cantidad de hijos e hijas que les arrebató durante esa demente Segunda Guerra Mundial dándole por primera vez en la Historia un Nobel de Poesía a una Mujer, y encima a una mística moderna que escribía poesía en español y llevaba sólo doce años siendo modesta consulesa, pero había sido tremenda pedagoga, y siempre autodidacta. El summum de la serendipia.

Una universidad privada, una de las primeras en Chile, lleva también, desde 1981, el nombre de Gabriela Mistral, la Universidad Gabriela Mistral.

 

3. CONCLUSIÓN: GABRIELA MISTRAL, LA GRAN MAESTRA, CONSULESA, MUJER, POETISA Y MÍSTICA MODERNA, TODO ELLO CON MAYÚSCULAS

Y concluyo con algunas reflexiones personales.

Para que el honrar a los que merecen ser honrados nunca cese, se quiso honrar a Gabriela Mistral, intentando al menos honrarla como ella se merece, es decir, sin prejuicios y con mucho amor.

Yo me siento y siempre me he sentido muy identificada con Gabriela Mistral. Nuestras vidas han tenido los mismo cuatro ejes rectores de los que he hablado hasta ahora: el nacer con vocación literaria [su primer premio literario se lo dio la FECH, el mío el Instituto Miguel Hernández de Alicante]; el ser maestras [yo he sido profesora particular de idiomas desde los 13 años, ella maestra desde los 16]; el ser diplomáticas [yo he sido diplomática desde mis 26 años y mi primer puesto fuera fue de Consulesa de España en Sofia, ella fue Consulesa de Chile desde sus 44 hasta su muerte a los 67 años]; y las dos somos dos místicas modernas y por ende dos grandes incomprendidas por parte del establishment masculino que nos rodea, a ella hasta 1957 que se liberó, a mí hasta la fecha actual.

Y también hemos tenido un quinto eje rector en común. Y aunque sea mucho menos obvio que los anteriores, a mi juicio es el fundamental, y es que las dos hemos tenido siempre un mismo objetivo: denunciar las injusticias del mundo que nos rodea y a través de esa denuncia intentar mejorar nuestro mundo, el mundo de todos y de todas. Ese mundo que casi siempre fue de todos y casi nunca de todas.

Gabriela lo intentaba con sus poemas. Y pese a que sus poemas eran y son de una belleza y una exquisitez sublimes, por escribir sobre, por y para las mujeres, y para los hijos e hijas de esas mujeres, los hombres listísimos de su Chile natal la criticaron muy duramente llamando “mal gusto” a airear los trapos sucios de las vicisitudes de mujeres, niñas y niños.

Y Gabriela Mistral murió, poquito antes de cumplir los 68 años. Y si la Vida me diera a mí tanto tiempo de vida querría hacer lo mismo que ella: luchar y seguir luchando, pese la incomprensión, por los derechos de quienes no tienen voz, nosotras que somos privilegiadas de sí tenerla.

Y yo, como mujer que soy, y como mujer que ha padecido mucho; y como mujer que a pesar de eso o precisamente por eso ante todo soy una luchadora de la libertad, igual que lo era Gabriela, concluyo, pues, diciéndoos mi opinión sobre Gabriela: Gabriela Mistral escribió los versos más hermosos que nadie haya escrito nunca en lengua castellana.

Igual que opino que Anne Sexton, otra mujer de las Américas, de allende el Atlántico, escribió los versos más hermosos que nadie haya escrito nunca en lengua inglesa. ¿Qué tendrán las Américas? Magia, mucha magia. Y a Anne Sexton le arrebataron sus dos hijas en sendos psiquiátricos y las dieron en adopción; y acabó suicidándose a los 46 años.

Y concluyo con un sueño. Mi sueño es que ninguna niña, ni ninguna mujer muera por crímenes de honor o feminicidios. Ojalá pueda luchar con entusiasmo, corazón y voluntad, que es lo que aprendí de Gabriela Mistral, para aportar un granito de arena a ese fin.

BIBLIOGRAFÍA

Aldebott Reyes, N: “Éxtasis Mágico”, Editora Búho, Santo Domingo, 1999.

Asociación de Academias de la Lengua Española. “En Verso y Prosa. Antología de Gabriela Mistral”. Impreso en Perú. 2010.

Belli, G: “Apogeo”, Visor Libros, Madrid, sexta edición, 2009.

Campoamor, C.: “La Revolución Española Vista por una Republicana”, ediciones espuela de plata, 2005.

Duque, A.: “Rimas en Claro. Primera Antología de Poetas Diplomáticos del Siglo XX”, editorial Dos Soles, Burgos, 2004 [aquí está el poema de Ramón Basterra y Zabala que reproduzco en este escrito; y es una antología que se cierra con un poema mío].

Mistral, G.: “Desolación”, Espasa Calpe S.A., sexta edición, 1983.

Neruda, P.: “Veinte Poemas de Amor. Cien Sonetos de Amor”, editorial Planeta, febrero de 1984.

Oliver Labra, C: “Error de Magia”, Editorial Letras Cubanas, 2004.

Zweig, S.: “El Mundo de Ayer”, Editorial Acantilado, Barcelona, 2002.

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