Miguel Hernández: Vida y Obra

Con motivo del Día Internacional del Libro, el Centro Social de Mayores (CSM) de Londres me invitó también en 2010 a darles una conferencia. Ese 27 de abril de 2010 les hablé sobre el gran poeta español Miguel Hernández, coincidiendo con el centenario de su nacimiento.

A continuación, reproduzco el texto de mi conferencia, que también puedes descargar aquí en pdf en castellano.

Tras mi conferencia, el Grupo de Lengua y Cultura me dirigió una entrañable carta que subo aquí. 

 

MIGUEL HERNÁNDEZ: VIDA Y OBRA

 

1. INTRODUCCIÓN

Miguel Hernández Gilabert (Orihuela, 30 de octubre de 1910 – Alicante, 28 de marzo de 1942) fue un poeta y dramaturgo de especial relevancia en la literatura española del siglo XX.

Aunque tradicionalmente se le ha encuadrado en la generación del 36, Miguel Hernández mantuvo una mayor proximidad con la generación anterior hasta el punto de ser considerado por Dámaso Alonso como «genial epígono de la generación del 27».

“Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra.” Pablo Neruda (Premio Nobel de Literatura en 1971).

 

2. DESARROLLO

 

2.1. VIDA Y OBRA DE MIGUEL HERNÁNDEZ

Hay muchos biógrafos y estudiosos de Miguel Hernández, tanto españoles (Concha Zardoya), como extranjeros (William Rose o Marie Chevallier). Para esta presentación se ha seguido la biografía de José Luis Ferris, relativamente reciente (2002), titulada “Miguel Hernández, Pasiones, Cárcel y Muerte de un poeta”. Ferris divide la vida del poeta en seis ciclos.

 

I ciclo: Infancia y deslumbramiento (1910-1925)

Nació como segundo hijo varón en una familia de Orihuela dedicada a la crianza de ganado. Pastor de cabras desde muy temprana edad, Miguel fue escolarizado entre 1915 y 1916 en el centro de enseñanza «Nuestra Señora de Montserrat» y de 1918 a 1923 recibe educación primaria en las escuelas del Amor de Dios; en 1923 pasa a estudiar el bachillerato en el colegio de Santo Domingo de Orihuela, regentado por los jesuitas, los que le proponen para una beca con la que continuar sus estudios que su padre rechaza. En 1925 abandonó los estudios por orden paterna para dedicarse en exclusiva al pastoreo. Aunque no se dice a menudo, la realidad fue que una fuerte crisis económica afectó a la familia de Miguel Hernández ese año y fue por eso que el padre recurrió a la mano de obra de su hijo.

 

II ciclo: Adolescencia y primeros versos (1925-1931)

Mientras cuida el rebaño, Miguel lee con avidez y escribe sus primeros poemas. Por entonces, el canónigo Luis Almarcha inicia una amistad con Miguel y pone a disposición del joven poeta libros de San Juan de la Cruz, Gabriel Miró, Paul Verlaine y Virgilio entre otros. Sus visitas a la Biblioteca Pública son cada vez más frecuentes y empieza a formar un improvisado grupo literario junto a otros jóvenes de Orihuela en torno a la tahona de su amigo Carlos Fenoll. Los principales participantes en aquellas reuniones son, además de Miguel y el propio Carlos Fenoll, su hermano Efrén Fenoll, Manuel Molina, y José Marín Gutiérrez, futuro abogado y ensayista que posteriormente adoptaría el seudónimo de «Ramón Sijé» y a quien Hernández dedicará su célebre Elegía.

A partir de este momento, los libros serán su principal fuente de educación, convirtiéndose en una persona totalmente autodidacta. Los grandes autores del Siglo de Oro: Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Pedro Calderón de la Barca, Garcilaso de la Vega y, sobre todo, Luis de Góngora, se convertirán en sus principales maestros.

El 13 de enero de 1930 le publican “Pastoril” en el periódico “El Pueblo” de Orihuela y será el primer poema que le publican a Miguel.

PASTORIL

 Junto al río transparente

que el astro rubio colora.

 

De amarga hiel es su llanto.

¿Qué llora la pastorcilla?

¿Qué pena, qué gran quebranto

puso blanca su mejilla?

 

¡Su pastor la ha abandonado!

A la ciudad se marchó

y solita la dejó

a la vera del ganado.

 

¡Ya no comparte su choza

ni amamanta su cordero!

¡Ya no le dice: “Te quiero”,

y llora y llora la moza!

 

Decía que me quería

tu boca de fuego llena.

¡Mentira! –dice con pena-

¡ay! ¿por qué me lo decía?

 

Yo que ciega te creí,

yo que abandoné mi tierra

para seguirte a tu sierra,

¡me veo dejada de ti!…

 

Junto al río transparente

que la noche va sombreando

y riza el aura de Oriente,

sigue la infeliz llorando.

 

Ya la tierna y blanca flor

no camina hacia la choza

cuando el sol la sierra roza

al lado de su pastor.

 

Ahora va sola al barranco

y al llano y regresa sola,

marcha y vuelve triste y bola

tras de su rebaño blanco.

 

¿Por qué, pastor descastado,

abandonas tu pastora

que sin ti llora y más llora

a la vera del ganado?

 

La noche viene corriendo

el azul cielo enlutando:

el río sigue pasando

y la pastora gimiendo.

 

Más cobra su antiguo brío,

y hermosamente serena,

sepulta su negra pena

entre las aguas del río.

 

Reina un silencio sagrado…

¡Ya no llora la pastora!

¡Después parece que llora

llamándola su ganado!

 

 

Miguel Hernández tiene mucho escrito y poco publicado, por eso las recopilaciones y antologías varían tanto de unas a otras. De esta etapa de escritos primeros, querría también destacar “A mi Alma”.

A MI ALMA

 

Murmuran que hablo muy poco

alma los que nada saben

de nuestros largos coloquios.

 

Y “La Palmera Levantina”, uno de los 13 poemas que el cantautor Joan Manuel Serrat incluye en el segundo disco que le hace a poemas de Miguel Hernández en 2010, coincidiendo con su centenario. El primer disco es de 1987.

LA PALMERA LEVANTINA (fragmento)

 

La palmera levantina,

la columna que camina.

La palmera…

La palmera levantina,

la que otea la marina,

la mediterránea era.

La palmera levantina,

la que atrapa la primera

ráfaga de primavera,

la primera golondrina.

 

La señora de paisajes.

La que araña a los luceros

y se ciñe los encajes

de las nubes, cual turbantes, a los zancos datileros.

El magnífico incensario

que se mece solitario

al final de la colina,

contra azul extraordinario…

 

¡La palmera levantina!

La que arranca

la primer hebra de luces

a la aurora blanca.

La que brinda sol en grano al verderol.

La que arrójase de bruces

contra el Sol.

La que encuna

al arcángel de la luna.

 

La que escalan los palmeros,

que le arrancan sus macizos lagrimones

entre risas y canciones

y jilgueros;

aunque a veces se hacen llantos,

risas y cantos,

cuando de un violento viento

sacudidos estos árboles tornátiles

echan todo al firmamento:

aves, palmas, hombres, dátiles.

 

La palmera levantina,

lo primero que ve el ojo marinero

de los mares de Levante.

¡La palmera de Alicante!

 

III ciclo: Primer viaje a Madrid y publicación de Perito en lunas (1931-1933)

Miguel llega a la estación de Atocha en el amanecer del 2 de diciembre de 1931. Apoyado en recomendaciones intenta abrirse paso en el mundo literario madrileño. Giménez Caballero publica el 15 de enero de 1932 en “El Robinson Literario” un primer perfil de Miguel bastante ofensivo, que cierra con: …” simpático pastorcillo caído en esta Navidad por este nacimiento madrileño”. Toca muchas puertas que se le cierran. Aún así sigue escribiendo y yendo a la Biblioteca Nacional, para la que ha conseguido un pase. Es un ejemplo de esfuerzo titánico de superación. El 20 de febrero de 1932 aparece en la revista “Estampa” un reportaje a toda página sobre Miguel de Federico Martinez Corbalán. Aún así no consigue la esperada beca de la Diputación de Alicante y está angustiado por las deudas en la pensión, plancha su única corbata poniéndola entre las páginas de su diccionario, y se ve forzado a pasar muchas noches al raso.

Finalmente, tras seis meses de aventuras y desaliento, Miguel llega de vuelta a Orihuela el 20 de mayo de 1932. Su estancia en Madrid sí le sirvió para ver lo desfasada que estaba su poesía juvenil.

En esta época compone “El Silbo de Afirmación en la Aldea”, más conocido por su primer verso “Alto soy de mirar a las Palmeras”, en la onda del beatus ille, donde compara la vida en la ciudad y en el campo, aunque es un poema que no está incluido en ningún libro.

 

EL SILBO DE AFIRMACIÓN EN LA ALDEA (Fragmento)

Alto soy de mirar a las palmeras,
rudo de convivir con las montañas…
Yo me vi bajo y blando en las aceras
de una ciudad espléndida de arañas.
Difíciles barrancos de escaleras,
calladas cataratas de ascensores,
¡qué impresión de vacío!,
ocupaban el puesto de mis flores,
los aires de mis aires y mi río.

Yo vi lo más notable de lo mío
llevado del demonio, y Dios ausente.
Yo te tuve en el lejos del olvido,
aldea, huerto, fuente
en que me vi al descuido:
huerto, donde me hallé la mejor vida,
aldea, donde al aire y libremente,
en una paz meé larga y tendida.

Pero volví en seguida
mi atención a las puras existencias
de mi retiro hacia mi ausencia atento,
y todas sus ausencias
me llenaron de luz el pensamiento.

Iba mi pie sin tierra, ¡qué tormento!,
vacilando en la cera de los pisos,
con un temor continuo, un sobresalto,
que aumentaban los timbres, los avisos,
las alarmas, los hombres y el asfalto.
¡Alto!, ¡Alto!, ¡Alto!, ¡Alto!
¡Orden!, ¡Orden! ¡Qué altiva
imposición del orden una mano,
un color, un sonido!
Mi cualidad visiva,
¡ay!, perdía el sentido.

Topado por mil senos, embestido
por más de mil peligros, tentaciones,
mecánicas jaurías,
me seguían lujurias y claxones,
deseos y tranvías.

¡Cuánto labio de púrpuras teatrales,
exageradamente pecadores!
¡Cuánto vocabulario de cristales,
al frenesí llevando los colores
en una pugna, en una competencia
de originalidad y de excelencia!
¡Qué confusión! ¡Babel de las babeles!
¡Gran ciudad!: ¡gran demontre!: ¡gran puñeta!
¡el mundo sobre rieles,
y su desequilibrio en bicicleta!

 

Ocupa varios meses en que su primer libro, “Perito en Lunas”, obra eminentemente gongorina o culterana, vea la luz y lo hace en una imprenta de la revista de orientación católica “La Verdad” de Murcia el 20 de enero de 1933, pidiendo prestado el dinero que costaba su impresión. El libro está prologado por su amigo Ramón Sijé. A pesar de tanta expectativa, el libro pasó inadvertido, apenas se vendió y no contribuyó a resarcir la dura situación económica del poeta. Según los expertos, los poemas de este libro tienen claras influencias de la “Segunda Antolojía Poética” (1922) de Juan Ramón Jiménez [Nobel de Literatura en 1956] y de Rubén Darío. El siguiente poema describe una masturbación.

SEXO EN INSTANTE, 1

 

A un tic-tac, si bien sordo, recupero

la perpendicular morena de antes,

bisectora de cero sobre cero,

equivalentes ya, y equidistantes.

Clama en imperativo por su fuero,

con más cifras, si pocas, por instantes;

pero su situación, extrema en suma,

sin vértice de amor, holanda espuma.

 

IV ciclo: Segundo viaje a Madrid y “El Rayo que no Cesa” (1934-36)

Miguel ha escrito los dos primeros actos de un auto-sacramental y con sus escasos ahorros y el dinero de sus amigos, marcha de nuevo a Madrid por segunda vez en marzo de 1934. Esta vez tiene mejor fortuna y logra concluir su auto-sacramental “Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras” y que se publique en la revista de orientación católica de Madrid “Cruz y Raya” en los meses de julio, agosto y septiembre de 1934.

Miguel va alternando en 1934 sus estancias en Madrid con regresos a Orihuela. En junio de 1934 su amigo Ramón Sijé empieza a publicar la revista “El Gallo Crisis”, que logra sacar 6 números hasta la Pascua de 1935 y en todos ellos aparecen poemas de Miguel con honda visión teológica y eucarística del campo.

En una de sus estancias conoce a Josefina Manresa con quien formaliza su relación de noviazgo el 27 de septiembre de 1934.  A lo largo de 1934 escribe sonetos de amor a su amada que luego formarán “El Silbo Vulnerado”, que Miguel planeaba publicar en 1934, pero que no lo hizo. Muchos de estos poemas son preludio y cantera de los sonetos que formarán el “Rayo que no cesa”. Un ejemplo es “Te me mueres de casta y de sencilla”, poema 22 de “El Silbo Vulnerado”; y ligeramente retocado, poema 11 del “Rayo”, inspirado en Josefina Manresa.

 

TE ME MUERES DE CASTA Y DE SENCILLA

Te me mueres de casta y de sencilla…
estoy convicto, amor, estoy confeso
de que, raptor intrépido de un beso,
yo te libé la flor de la mejilla.

Yo te libé la flor de la mejilla,
y desde aquella gloria, aquel suceso,
tu mejilla, de escrúpulo y de peso,
se te cae deshojada y amarilla.

El fantasma del beso delincuente
el pómulo te tiene perseguido,
cada vez más patente, negro y grande.

Y sin dormir estás, celosamente,
vigilando mi boca ¡con qué cuido!
para que no se vicie y se desmande.

 

Hace nuevos viajes a Madrid y consigue trabajo, primero, como colaborador en las Misiones Pedagógicas y, más tarde, como secretario y redactor de la enciclopedia Los toros, cuyo director y principal redactor, José María de Cossío, preparaba para Espasa-Calpe. Cossío será en adelante el más ferviente entusiasta de Miguel.

Se presenta a Vicente Aleixandre y hace amistad con él y con Pablo Neruda, que acaba de llegar en 1934 como diplomático a Madrid; este es el origen de su breve etapa dentro del Surrealismo, con aliento torrencial e inspiración telúrica.

El 24 de enero de 1936 se imprimen los primeros ejemplares de “El Rayo que no cesa”– Este poemario tiene una curiosa estructura: un poema largo, trece sonetos, un poema largo, trece sonetos, una elegía y un soneto final. En este libro Miguel se ha trocado en apasionado cantor del amor profano, con una sexualidad y un erotismo desbordados.

En 1935 había dejado su relación con Josefina Manresa y había mantenido una tórrida relación con la muy liberada pintora Maruja Mallo. A ella le dedicaría el siguiente soneto, el soneto 23 de “El Rayo que no cesa”:

 

COMO EL TORO HE NACIDO PARA EL LUTO

Como el toro he nacido para el luto
y el dolor, como el toro estoy marcado
por un hierro infernal en el costado
y por varón en la ingle con un fruto.

Como el toro lo encuentra diminuto
todo mi corazón desmesurado,
y del rostro del beso enamorado,
como el toro a tu amor se lo disputo.

Como el toro me crezco en el castigo,
la lengua en corazón tengo bañada
y llevo al cuello un vendaval sonoro.

Como el toro te sigo y te persigo,
y dejas mi deseo en una espada,
como el toro burlado, como el toro.

 

En diciembre de 1935 había muerto su fraternal amigo de toda la vida, Ramón Sijé, y Miguel le dedica su extraordinaria Elegía. Esta Elegía está considerada una de las obras maestras de las letras españolas y uno de los mayores aciertos de la poesía hernandina; elegía que, en su momento, provocó el difícil entusiasmo de Juan Ramón Jiménez en una crónica del diario El Sol; y los elogios de Ortega y Gasset y Marañón, entre otros.

 

POEMA ELEGÍA A RAMÓN SIJÉ

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto

como el rayo, Ramón Sijé, a quien tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas,
y órganos mi dolor sin instrumentos,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que, por doler, me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo voy
de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano está rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes,
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero mirar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera,
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas
y tu sangre se irá a cada lado,
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas,
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

En febrero de 1936 escribe de nuevo al padre de Josefina pidiéndole retomar la relación con su hija.

 

V Ciclo: El poeta en la Guerra Civil (1936-1939)

Al estallar la Guerra Civil el 18 de julio de 1936, Miguel Hernández se alista en el bando republicano. Hernández figura en el 5º Regimiento y pasa a otras unidades en los frentes de la batalla de Teruel, Andalucía y Extremadura. Su poesía por entonces se hace más social y manifiesta a las claras un compromiso político con los más pobres y desheredados.

En plena guerra, logra escapar brevemente a Orihuela para casarse el 9 de marzo de 1937 con Josefina Manresa. A los pocos días tiene que marchar al frente de Jaén.

En el verano de 1937 asistió al II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas celebrado en Madrid y Valencia, y más tarde en agosto viajó a la Unión Soviética en representación del gobierno de la República, de donde regresó en octubre para escribir el drama “Pastor de la muerte”.

En septiembre de 1937 publica un nuevo libro “Viento del Pueblo”, dedicado a Vicente Aleixandre. Es una obra vibrante, desnuda de artificios retóricos y cargada de una fuerza inusitada. De sus poemas, se destacan aquí los siguientes:

 

VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

 

EL NIÑO YUNTERO

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatifecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepurtura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
resuelve mi alma de encina.

Le veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

 

ACEITUNEROS

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.

No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.

Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.

 

CANCION DEL ESPOSO SOLDADO

He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de, mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mi dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mi como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo.
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras. ,

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano.
Y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas,
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.

 

En diciembre de 1937 estando Miguel en el frente de Teruel nace su primer hijo, Manuel Ramón, que muere a los diez meses y a quien está dedicado el poema “Hijo de la luz y de la sombra “. Finalizando la guerra, en enero de 1939, nace el segundo hijo, Manuel Miguel.

VI ciclo: Persecución, cárceles y muerte (1939-1942)

En abril de 1939, el general Francisco Franco declaró concluida la guerra y se había terminado de imprimir en Valencia “El hombre acecha”, que recogía los poemas escritos entre 1937 y 1939. Este libro estaba dedicado a Pablo Neruda. Aún sin encuadernar, una comisión depuradora franquista, presidida por el filólogo Joaquín de Entrambasaguas, ordenó la destrucción completa de la edición. Sin embargo, dos ejemplares que se salvaron permitieron reeditar el libro en 1981.

 

MADRE ESPAÑA

Abrazado a tu cuerpo como el tronco a su tierra,
con todas las raíces y todos los corajes,
¿quién me separará, me arrancará de ti,

madre?

 

Abrazado a tu vientre, ¿quién me lo quitará,
si su fondo titánico da principio a mi carne?
Abrazado a tu vientre, que es mi perpetua casa,

¡nadie!

 

Madre: abismo de siempre, tierra de siempre:
entrañas donde desembocando se unen todas las sangres:
donde todos los huecos caídos se levantan,

madre.

 

Decir madre es decir tierra que me ha parido;
es decir a los muertos: hermanos, levantarse;
es sentir en la boca y escuchar bajo el suelo

sangre.

 

La otra madre es un puente, nada más, de tus ríos.
El otro pecho es una burbuja de tus mares.
Tú eres la madre entera con todo su infinito,

madre.

 

Tierra: tierra en la horca, y en el alma, y en todo.
Tierra que voy comiendo, que al fin ha de tragarme.
Con más fuerza que antes volverás a parirme,

madre.

 

Cuando sobre tu cuerpo sea una leve huella,
volverás a parirme con más fuerza que antes.
Cuando un hijo es un hijo, vive y muere gritando,

¡Madre!

 

Hermanos: defendamos su vientre acometido,
hacia donde los grajos crecen de todas partes, pues
para que las malas alas vuelen, aún quedan

aires.

 

Echad a las orillas de vuestro corazón el
sentimiento en limites, los afectos parciales.
Son pequeñas historias al lado de ella, siempre

grande.

 

Una fotografía y un pedazo de tierra,
una carta y un monte son a veces iguales.
Hoy eres tú la hierba que crece sobre todo,

madre.

 

Familia de esta tierra que nos funde en la luz,
los más oscuros muertos pugnan por levantarse,
fundirse con nosotros y salvar la primera

madre.

 

España, piedra estoica que se abrió en dos
pedazos de dolor y de piedra profunda para darme:
no me separaran de tus altas entrañas,

madre.

 

Además de morir por ti, pido una cosa:
que la mujer y el hijo que tengo, cuando pasen,
vayan hasta el rincón que habite de tu vientre,

madre.

 

Acabada la guerra, empieza para Miguel un duro calvario.

Su amigo Cossío se ofreció a acoger al poeta en Tudanca, pero este decidió volver a Orihuela. Como en Orihuela corría mucho peligro, decidió irse a Sevilla pasando por Córdoba, con la intención de cruzar la frontera de Portugal por Huelva. La policía de Salazar lo entregó a la Guardia Civil. []Desde la cárcel de Sevilla lo trasladaron al penal de la calle Torrijos en Madrid (hoy calle del Conde de Peñalver), de donde, gracias a las gestiones que realizó Pablo Neruda ante un cardenal, salió en libertad inesperadamente, sin ser procesado, en septiembre de 1939.

Vuelto a Orihuela entrega a Joefina un cuaderno con lo escrito hasta entonces, germen del libro “Cancionero y Romancero de Ausencias”. Miguel fue delatado y detenido y pasa un primero encierro en el Seminario que preside Orihuela, entonces convertido en cárcel.

De ahí lo trasladan a la prisión de la plaza del Conde de Toreno Madrid, donde fue juzgado y condenado a muerte en marzo de 1940. Ahí compartió celda con Buero Vallejo, quien hizo de él uno de los retratos a carboncillo más famosos del poeta. Cossío y otros intelectuales amigos, entre ellos Luis Almarcha Hernández,] amigo de la juventud y vicario general de la Diócesis de Orihuela (posteriormente obispo de León en 1944), intercedieron por él, conmutándosele la pena de muerte por la de treinta años de reclusión.

Pasó a la prisión de Palencia en septiembre de 1940 y en noviembre al Penal de Ocaña (Toledo). En junio de 1941, fue trasladado al Reformatorio de Adultos de Alicante, donde por fin pudo ver, nuevamente, a Josefina y a su hijo.

De cárcel en cárcel el poeta sigue componiendo. Su libro “Cancionero y Romancero de Ausencias” contiene poemas escritos entre 1938 y 1941 y en “Poemas Últimos”se recopilaron los poemas en arte mayor escritos también en ese período.

Entre esos poemas, destaca “Nanas de la Cebolla”, escrita a su segundo hijo cuando tenía 8 meses, tras recibir una carta de su mujer en la que describía sus penurias y decía que no comían más que pan y cebolla. Concha Zardoy la calificó como “la más trágica canción de cuna de la poesía española”.

 

NANAS DE LA CEBOLLA

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma al oírte
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan lato,
tan extendido,
que tu carne es el cielo
recién nacido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa ni
lo que ocurre.

 

También es especialmente sentido el siguiente poema que escribió para su esposa:

MENOS TU VIENTRE

Menos tu vientre,
todo es confuso.
Menos tu vientre,
todo es futuro
fugaz, pasado
baldío, turbio.
Menos tu vientre,
todo es oculto.
Menos tu vientre,
todo inseguro,
todo postrero,
polvo sin mundo.
Menos tu vientre,
todo es oscuro.
Menos tu vientre
claro y profundo.

 

En diciembre de 1941 se conocen los primeros síntomas de su enfermedad, que de  bronquitis pasó a tifus y a pleura. El 4 de marzo de 1942 contrae matrimonio canónico en la enfermería de la prisión, pues el régimen franquista había anulado la validez de los matrimonios civiles de la República, que era la condición que el vicario Luis Almarcha había puesto para ayudarle. Aún así la ayuda [la orden de trasladarlo al hospital de Alicante] llegó tarde, el 17 de marzo, y ya nadie quiso trasladar un cuerpo que destilaba pus por sus cuatro costados. Miguel Hernández falleció en la enfermería de la prisión alicantina a las 5:32 de la mañana del 28 de marzo de 1942, con tan sólo 31 años de edad.

Miguel Hernández fue enterrado en el nicho número mil nueve del cementerio de Nuestra Señora del Remedio de Alicante, el 30 de marzo. Actualmente sus restos mortales reposan en una sepultura del mismo cementerio, junto a los de su mujer Josefina Manresa y su hijo. Dicha sepultura, fácilmente identificable, es muy visitada.

En una carta fechada el 3 de septiembre de 1946, Vicente Aleixandre escribe al poeta canario Juan Maderos las siguientes palabras sobre Miguel Hernández:

«Yo no sé si usted sabe que Miguel era para mí un hermano, un hermano menor, entusiasta, entrañablemente unido, con el que conviví continuamente. Tenía un corazón enorme, ciegamente generoso, latidor en su poesía entera y que se le trasparecía en los ojos, como en su poesía. El fuego de la vida estaba en su alma y era comprensivo para todo. Capaz de pasión, apasionado, capaz de esa desnudez del alma, de ese pálpito de la sangre a que llega el verdadero poeta, y que hace que todo lo humano sea comprendido, llegando a esa generosidad sin esfuerzo que de nada se asusta porque todo lo humano le toca y de nada puede espantarse. Por eso no había en él ni ñoñez, ni intransigencia. Era un alma libre que miraba con clara mirada a los hombres. Era el poeta del triste destino, que murió malogrando a un gran artista, que hubiera sido, que ya lo es, honor de nuestra lengua».

 

2.2. SU LEGADO TRAS SU MUERTE Y EN LA ACTUALIDAD

Durante la dictadura franquista no fue posible rehabilitar la figura y obra de Miguel Hernández, pese a los intentos que se hicieron.

Con la llegada de la democracia, van llegando lentamente los reconocimientos. En 1976 se nombra en Alicante el primer instituto de España que lleva el nombre de Miguel Hernández, petición de nombre que ya había sido cursada y denegada en 1974. En 1981 el ayuntamiento de Orihuela compra la que fuera casa de Miguel Hernández y empieza a restaurarla en 1985. En julio de 1994 se crea la Fundación Cultural Miguel Hernández y en 1996 se crea la Universidad Miguel Hernández en Elche.

Hasta fecha tan tardía como marzo de 2010 no tuvo lugar en Alicante el “Acto de Entrega a los Familiares de Miguel Hernández de la Declaración de Reparación y Reconocimiento Personal”, que contempla la Ley 52/2007 de 26 de diciembre sobre Memoria Histórica.

Fue la nuera del poeta, Lucía Izquierdo, quien poseía todos los derechos de autor sobre el poeta y quien llevó el legado del poeta a Elche, ciudad donde ella residía. No obstante, un cambio de gobierno municipal y la llegada al poder del Partido Popular llevó a desavenencias en 2012 y fue Quesada, en Jaén, ciudad natal de Josefina Manresa, la esposa de Miguel Hernández, el lugar que ha acabado acogiendo el legado del poeta. Es una lástima que la política no haya permitido honrar la memoria del poeta como hubiera sido deseable y que la familia no forme parte de la Fundación que lleva el nombre del poeta.

En términos de difusión de vida y obra, destacan la miniserie de dos capítulos que hizo Licardo Larranz para TVE sobre Miguel Hernández estrenada el 28 de febrero de 2002 con Liberto Rabal y Silvia Abascal. Así mismo, cabría destacar la labor del cantautor Joan Manuel Serrat, quien ya en 1987 hizo un primer disco con canciones del poeta y este 2010 ha sacado un segundo disco, cuya gira arrancó en Elche el 23 de abril.

 

3. CONCLUSIÓN

En 2010, con motivo de los cien años del nacimiento del poeta, se llevaron a cabo un sinfín de actividades; y se releyó y redescubrió a Miguel.

Mariano Abad y Jose Antonio Torregrosa en una “Antología de 40 poemas ilustrados” editada en 2010 con motivo del centenario invitan, y yo me uno a ellos y en con esta nota querría concluir esta presentación, enterrar de una vez por todas los estereotipos en que se ha encasillado la figura y obra de Miguel Hernández.

El estereotipo de poeta como “ente natural”, con su espontaneidad, primitivismo y autenticidad, respondiendo a imágenes tópicas del “buen salvaje” o de “ingenio lego”, estereotipos que el propio Miguel cultivó en vida como su propia “estrategia de marketing”, no hace honor a la verdad.

Miguel mantuvo un empeño reiterado y sostenido hasta el final de conocer, asumir y dominar todas las convenciones literarias anteriores a su época y predominantes en su época, por lo que su trayectoria estética sí tiene un carácter cultural. Como bien dicen Abad y Torregrosa “si alguna constante cabe señalar en su biografía es el empeño sostenido de unir vida y literatura”.

Mi deseo final, pues, es que estos estereotipos sean enterrados y se pase a valorar a Miguel Hernández en toda la amplitud de su meritoria lucha por una autosuperación creativa.

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